"No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros" apostillaba Ernesto Rafael Guevara de la Serna, más conocido como “El Che Guevara”. El día 09 de agosto se cumplió 51 años del asesinato de esta magnánima figura del heroísmo y de la lucha por la reivindicación de los pueblos oprimidos. El Che se convirtió en uno de los líderes a ultranza de la revolución cubana. Tanta fue su influencia en los albores de la revolución que el recuerdo de su espíritu apasionado divaga perennemente por la reflexión cotidiana de quienes nos identificamos con su actuar.
Si es lamentable observar la manera en que se pervierte la imagen de un héroe nacional, es motivo de un apesadumbramiento inconmensurable el percibir cómo la relevancia de una eminente figura como el Che se reduce a cuestiones de carácter fútiles. Corto fue su período de vida, pero productivo y sumamente fructífero. No cometamos el error de minimizar al Che bajo su concepción práctica de llevar a la obra la revolución. Sino, consideramos al Che como una figura intelectual con convicción y firmeza. Ernesto no fue un improvisado ni mucho menos un charlatán, sino un hombre leído, lleno de conocimientos profundos en diversos tópicos. Leyó desde Marx hasta Camus, pasando por Freud, Bentham y otros. Por consiguiente, su entropía filosófica orientada por una afinidad marxista no fue repentina. Como es obvio, existió un proceso de asimilación que gracias a sus lecturas incipientes, en la biblioteca de Deodoro Roca—amigo muy cercano de la familia—, se fueron fortaleciendo vigorosamente.
Asimismo, el Che Guevara desarrolló un pensamiento crítico, el cual coadyuvó su afán doctrinario. Desarrolló una aspiración autárquica orientada a la creación de una sociedad socialista, cuyo principal rasgo sea la identidad nacional imperante en la mente de cada miembro de esta. A tenor de ello, su ideal no se centró vagamente en su confrontación con el imperialismo en todas sus manifestaciones. Sino que propugnó una serie de principios en contra del dogmatismo. El dogmatismo— a juicio del Che— era adverso a los intereses colectivos si se tenía como mira la emancipación física y psicológica de los pueblos. Lo resaltable de su condición de intelectual no es transversalmente su creación multidisciplinar, sino la fidelidad a sus principios, lo cual fue bastión preponderante en su día a día. De ahí que él incansablemente hacía suya una frase muy conocida en las ágoras comunistas: Si avanzo, seguidme; si me detengo, empujadme; si retrocedo, matadme.
Nadie se podría considerar un conocedor del pensamiento revolucionario si no ha hecho una lectura —al menos sucinta— de Apuntes Críticos a la Economía Política. En aquel mencionado libro, el Che Guevara hace un análisis minucioso sobre materialismo dialéctico, así como en relación a los diferentes sucesos históricos durante el siglo XIX que marcaron la pauta. Aquel análisis—dicho sea de paso— fue bastante crítico, lo cual es loable ya que siempre las premisas previamente concebida por otros autores han de ser ajustables o adecuables a la coyuntura social del momento por el cual se transita. En concordancia con lo expuesto, es de gran valía hacer mención que el Che era sobretodo un convencido del rol preponderante de la juventud en la lucha social. De hecho, en muchos discursos declaraba que la juventud comunista no debe olvidar su consigna guiadora, a saber, el estudio, la labor y el fusil.
En efecto, el pensamiento del Che hoy en día ha de ser motivo de consideración y no de un olvido perpetuo. Su crítica nos permite comprender la importancia de aplicar con intensidad el pensamiento y desarrollar una consciencia que nos motive a la acción, ya que es mediante ella que se gestan las variopintas transformaciones sociales. El Che nos demostró que se pueden presentar diversas rémoras en nuestro sendero. No obstante, es labor propia el terraplenar y liberarnos de las cargas gravosas de un sistema que nos oprime. Por lo tanto, es menester personal hacer nuestras las palabras finales del Che antes de ser asesinado: Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas.