El fujimorismo, su falta de empatía hasta consigo mismo y la necesidad de optar siempre por el bien por PERCY VILCHEZ SALVATIERRA.
1.
Cuando se cae en desgracia se sabe quiénes son los amigos verdaderos. El fujimorismo no está en desgracia –aún– pero el curso de su caída durante las últimas semanas nos ha demostrado que aun dentro de sí mismo tiene muy pocos amigos. Y no es para menos, una agrupación tan negativa no puede generar nada que sea positivo para nadie.
2.
El problema en torno a esta reciente debacle del “partido” naranja tiene dos sectores bien diferenciados. El primero es que ahora cualquiera es antifujimorista. De hecho, se ha vuelto demasiado fácil ser antifujimorista. El segundo es que todos han preferido soslayar que en los otros partidos y, sobre todo, en el bando del presidente Vizcarra hay indicios y serias posibilidades de haber tenido participación en el ámbito delincuencial.
3.
A estas alturas para cualquier inteligencia promedio se debe suscitar un hartazgo de todas las torpezas e infamias que ha propalado y que ha blindado el fujimorismo durante todo el régimen de Vizcarra. De hecho, la imposibilidad de obtener una respuesta clara a los problemas que plantea la crisis de todos los partidos políticos actuales y del fujimorismo en particular es un embrollo permanente que devana los sesos de los más inteligentes de los ciudadanos peruanos.
4.
Tan grave es nuestra actualidad que excede el cálculo coyuntural y nos lleva a pensar en la eterna dicotomía entre el bien y el mal. Es decir, la corrupción no se acabará nunca en tanto haya seres humanos vivos en la Tierra pero es urgente frenarla, contenerla, dar un cauce al bienestar popular que se ve plenamente afectado por las consecuencias que conlleva la comisión de actividades corruptas y acostumbrarnos a caminar con la frente en alto como no puede caminar ningún corrupto por más cínico o “artista” que sea ya que en el caso contrario la corrupción lo destruirá todo como prácticamente está sucediendo en nuestro país.
5.
Previamente, es decir, con anterioridad a la confrontación definitiva es necesario tomar una decisión, definir una posición y configurar un bando, una estrategia y un compromiso.
Si se opta por el mal, probablemente se obtenga un cierto grado de bienestar material durante un tiempo, mas no importa si ese lapso es breve o si dura hasta el día de la muerte de quien escogió este sendero torcido porque jamás un canalla o un ser despreciable ha podido ni podrá descansar tranquilo durante la noche. Esperar una cuchillada en cualquier momento no puede darle paz a cualquiera y esa es la única condición permanente para el espíritu del individuo torcido y deformado por la corrupción.
6.
Por ello, solo cabe optar por el bien no siendo tan mansos como las palomas, según indica cierto famoso pasaje de La Biblia, pero teniendo, eso sí, tanta malicia como las serpientes. Con esto quiero decir que la única forma de poder vencer al mal es asentándonos plenamente en la vereda opuesta pero sin dejar de analizar y estudiar todas las formas que puede asumir. Es decir, reconociendo y, desde luego, enfrentando todo lo que represente esta maldad.
7.
Es importante reconocer que el ejercicio político ideal es el de la concertación. Y si dentro de la política existe un arte o alguna posibilidad artística, sin duda, serían los modos por los cuales es posible hallar puntos de encuentro y hacer que estos prevalezcan sobre las diferencias que cada partido pueda tener. El problema es que lo ideal casi nada tiene que ver con la realidad y así lo que hemos visto en el curso de las post elecciones de 2016, sobre todo, en el bando fujimorista, es el prevalecimiento de las más bajas ambiciones de unos individuos que en su totalidad no representan nada que pueda ser halagado por cualquier persona medianamente decente e inteligente.
8.
El chat “La Botica” de reciente data, por ejemplo, ha desenmascarado los lados más despreciables que puede asumir la labor política en la actualidad peruana: la aniquilación plena de la autonomía y del ejercicio de la inteligencia en el bando fujimorista.
9.
En síntesis, los sucesos de las últimas semanas son una auténtica desgracia para todo aquel que intente pensar y obrar en favor de un país que cada cinco años juega a la ruleta rusa y todas las veces pierde y cada vez se arrastra más y más hasta las próximas elecciones en un estado de semicatatonia o de semidescerebramiento como un zombie cuyos sesos cada vez más escasos dejan un rastro podrido detrás de todos sus pasos.
Esa condición por la cual el Perú se ha convertido en una especie de muerto viviente y no otra cosa es lo que ha significado el fujimorismo-keikismo para el país durante los últimos 2 años y medio ¿qué les parece?
10.
La más auténtica utopía de este momento histórico es no ser un corrupto ni un cómplice silente de la corrupción. Por ello, no declinemos en la materialización de este camino utopista y observemos que jamás hubo mayor necesidad que en la actualidad para ensayar esta vía de sacrificio y de heroísmo.
Reitero, el Perú en el último día del mes de octubre del año 2018 es un espacio tan corrompido que la más alta de las utopías y el más difícil de todos los caminos que el individuo puede cruzar, en este momento, es no ser un corrupto.