Punto de Encuentro

mAnUeL gOnzÁLeZ PrADa el prekursor

Por: José Bulnes

La biografía y pensamiento de Manuel González Prada han sido materia de un detenido y amplio estudio por parte de los doctores Luis Alberto Sánchez[1] y Hugo García Salvatecci[2]. Por lo tanto, lo que  buscamos es contribuir con un enfoque más acotado sin desatender al método, que es lo único que importa cuando se hace ciencia, el cual sugiere abordar la lectura y el análisis del pensamiento de Manuel González Prada atendiendo el cuándo y el para qué de su formulación.

¿Cuándo inicia la vehemencia del verbo de Prada? Consideramos cuando la declaración de guerra de Chile, interrumpiendo, además de su bucólica estancia en su hacienda de Mala, el desarrollo de la literatura peruana, el Realismo desplaza al Romanticismo. Pero este impasse en las Letras va de la mano con el crudo descubrimiento de la República: la guerra rebela que en 58 años de independencia no se ha construido institución, la clase gobernante si no fue militar, lo fue consignataria, y si fue castrense, lo fue sanguinariamente caudillista. Basadre define con sencillez y claridad el estado de cosas antes de la Guerra: lo que existía era un «Estado empírico». El Huáscar, muralla móvil del Perú[3], cayó ante las manos enemigas. La esperanza en el combate naval se eclipsaba, pero quedaba la respuesta política, dada por Piérola. Su arrebato y elocuencia tomaron forma en el Estatuto Provisorio y su llamado a todos los peruanos a enristrar las armas. Tamaña convocatoria hizo presa de Prada, y se enroló. Prada fue poeta, aunque hacia diciembre de 1880, era ya Oficial de la Reserva en el fuerte de El Pino.

Los incendios de Chorrillos, Barranco y el repase[4] a los soldados caídos fulminaron el espíritu de Prada. Ante la imagen de los compatriotas con sus uniformes embarrados de lodo y de sangre, el llamado al armisticio no hizo eco en él, y se dispuso a dinamitar sus propios cañones. Perdidas las batallas de San Juan y de Miraflores, el comandante francés Abel Bergasse Du Petit -Thouars negoció con los invasores que la entrada a la Capital no reprodujera los horrores de Chorrillos y Barranco. Fue así que un fatídico 17 de enero de 1881 ingresan a la Lima virreinal las tropas chilenas, los peruanos vencidos y anegados en la pobreza debían sufrir la insania del vencedor. Un día antes, se estremecían las puertas de un caserón de la calle La Merced, el otrora poeta, luego soldado y ahora un desengañado se recluye.

¿Para qué la guerra? Desde los días de la República, no hubo tecnificación y menos una clase (burguesa) homogénea que llevara el gobierno. Bulleron el arribismo y la negligencia en la administración de las riquezas procuradas por el guano y el salitre. Junto a la definición del “Estado empírico”, Basadre concluye la definición del contexto en el que el Perú del siglo XIX se abisma a la guerra como una experiencia de “expiación”; el para qué de la guerra nos arroja como respuesta el de la necesidad de sufrir y revelar una clase gobernante estéril (la oligarquía) y avizorar grises panoramas de reconstrucción (el Segundo Militarismo). Cuando se firma el Tratado de Ancón (1883), se desocupa el territorio peruano, pero la odiosa presencia del chileno ha dejado una estela cuya forma política será el nacionalismo de Cáceres (1885). Prada ya atisba su mirada a la Lima herida, y entonces el ánimo literario se trastoca en programa político.

La fundación del Círculo Literario (1885) acusa, tal vez, su más caro rasgo en que fue el marco dentro del cual Prada publica su artículo Grau, “El Perú de 1879 no era Prado, La Puerta, ni Piérola: era Grau”. Para 1887, Prada asume la presidencia del Círculo, ese mismo año fallece su madre, el camino estaría despejado para contraer matrimonio con quien fuera desde ese momento su acompañante y correctora de estilo de sus más caros discursos: Adriana de Verneuil. Entonces, llegaría el 29 de julio de 1888, el discurso en el Teatro Politeama con su más acre admonición “Los viejos a la tumba los jóvenes a la obra”. Luego, otra conferencia, esta vez en el teatro Olimpo, donde sonó otra vez la reconvención de Prada: “Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz”. ¿Cuándo y para qué de estos apóstrofes?

Aún no se ha fundado la Unión Nacional. Aún no hay esbozo de un Programa. ¿Cuándo? Pues en el momento en que el indio es sujeto no de análisis sociológico, pero sí de sujeto de denuncia y reivindicación. El Realismo literario evoca, pues, la denuncia en forma de prosa. Es el momento en que atisba en forma de esbozo un fragor popular. ¿A fin de qué? Al margen de la voluntad de Prada, se va gestando un populismo que anuncia ya el siglo XX. Pero antes, el 16 de mayo de 1891 se redacta la Declaración de Principios de la Unión Nacional. En su programa resalta la propuesta de hacer del Perú un país federalista, y la formación de milicias. Un mes después, Prada viaja a Francia con Adriana de Verneuil. Entre la “obligación” de conducir su proyecto político y procurar el nacimiento del hijo tantas veces deseado pero tantas veces muerto, eligió ver nacer a Alfredo González Prada y de Verneuil. Debían gobernar las ideas y no las personas.

La estancia de Prada en Europa le permite fructificar su conocimiento cosmopolita, pero, ante todo, le acerca al anarquismo. Alejado del barullo de la política peruana, sus ojos no asisten a la hazaña política de la coalición partidaria que comanda Piérola para destituir a Cáceres, tampoco de cómo sus correligionarios de la Unión Nacional hilvanan puentes de acercamiento con los civilistas y liberales de la época, faltando, así, a los caros principios de autonomía y de fundación de una nueva política de la Unión Nacional. Todo esto, hacia 1895. Prada, ya conocido como el “hereje”, regresa a inicios de mayo de 1898. Abre su presencia física en Lima, el 21 de agosto de 1898, con la Conferencia: “La Unión Nacional y los partidos políticos”.

Es aquí donde se debe retomar, de forma diligente, el hilo metódico de este modesto artículo. El cuándo y el para qué del pensamiento de Prada cobra mayor necesidad de ser resaltados. A su regreso en 1898 se inician los últimos 20 años de vida de Prada. Hacia 1898, el gobierno de Piérola, el otrora Dictador cuando Chile ensangrentaba a nuestros soldados y humillaba a nuestros civiles, fenecía y daría paso al inicio de la República Aristocrática (1899-1919). Prada muere en 1918, logra presenciar el enquistamiento de esta clase en el Poder. Es así que en estos sus últimos 20 años cobran notoriedad sus más vehementes escritos: Nuestros indios (1904); Nuestros Liberales (1908); El intelectual y el obrero (1905).

El escrito de 1898 La Unión Nacional y los partidos políticos es un diagnóstico de aquellas agrupaciones envueltas en la Coalición de 1895. El Partido Civil no es sino el “arte de comer en todas las mesas y meter las manos en todos los sacos” (Horas de Lucha. Ed. Mercurio, p. 199). La guerra civil que lleva a Piérola al poder se realizó por acción de bandidos en hordas de montoneras ante la indiferencia de las masas (Cf. Horas de Lucha.      Ed. Mercurio, p. 2012). Le adjudica a la Unión Nacional la tarea de hacer del hombre un ser con sentido de la más amplia libertad del individuo (Horas de Lucha. Ed. Mercurio, p. 215). En Nuestros indios, Prada enuncia una tesis que se adelanta 24 años antes del texto de José Carlos Mariátegui, al decir: “La cuestión del indio, más que pedagógica, es económica, es social. ¿Cómo resolverla? (…) La condición del indígena puede mejorar de dos maneras: o el corazón de los opresores se conduele al extremo de reconocer el derecho de los oprimidos, o el ánimo de los oprimidos adquiere la virilidad suficiente para escarmentar a los opresores” (Horas de Lucha. Ed. Mercurio, pp.77-78).

El liberalismo, solo fue sinónimo de reacción y de poca “sustancia gris en el cerebro” (Horas de Lucha. Ed. Mercurio, p. 50). ¿Cuándo y para qué de estos escritos? Ya Prada había renunciado al partido que fundara en 1902. El contexto político es el regreso del civilismo en la joven figura de José Pardo. Le sucederá en el poder el primer pero ya heterodoxo Leguía (1908-1912). Entre el primer gobierno de Pardo y el primero de Leguía aparece su escrito El intelectual y el obrero (1905). La simbiosis del hacer intelectual y del obrero le lleva a la formulación del contenido y sentido de la revolución: ésta borra fronteras y “llama a la humanidad a la posesión y beneficio de la tierra” (Horas de Lucha. Ed. Mercurio, p. 161). Asimismo, la revolución es un hecho teórico, pero su realización solo es viable mediante la lucha. Así, la revolución del intelectual y del obrero sería un derecho no de tocar el cielo, sino de granjearse la tierra (Cf. Horas de Lucha. Ed. Mercurio, p. 162-163).

Finalmente, luego de publicada su obra Horas de Lucha (1908), le siguen Exóticas (1911). En 1912 es nombrado director de la Biblioteca Nacional. En ese mismo año, Guillermo Billinghurst se hace del poder. Es un momento de reivindicaciones sociales. En 1914 Prada publica La Lucha, escritos de crítica al poder, eran ya los días del gobierno provisorio de Benavides. Hasta que llega el 22 de julio de 1918. Se cierran los ojos de Prada para siempre. Meses después, ya en 1919, dos jóvenes, uno llamado Víctor Raúl Haya de la Torre y el otro José Carlos Mariátegui, lideran y vertebran una generación que reivindicará, bajo las banderas del anarcosindicalismo e influidos por el verbo de Manuel González Prada, al obrero, al indígena y a la Nación.

 

[1] Luis Alberto Sánchez, obras: Mito y Realidad de González Prada (1976) Ed. P. L. Villanueva, lima. Don Manuel (1978) Ed. Universo, lima S. A.  Panorama de la Literatura del Perú (1974) Ed. Milla Batres.

El Anarquismo frente al Marxismo y el Perú (1972) Ed. Mosca Azul, lima. Visión de un apóstol. Pensamiento del maestro González Prada (1990) Ed. Emiga Editores, lima.

[2] Hugo García Salvatecci, obras: Mito y Realidad de González Prada (1976) Ed. P. L. Villanueva, lima. Don Manuel (1978) Ed. Universo, lima S. A.  Panorama de la Literatura del Perú (1974) Ed. Milla Batres.

El Anarquismo frente al Marxismo y el Perú (1972) Ed. Mosca Azul, lima. Visión de un apóstol. Pensamiento del maestro González Prada (1990) Ed. Emiga Editores, lima.

[3] Nombre que se utiliza para titular el estudio del historiador Basadre sobre la República del Perú, en: Cuarto período: la guerra con Chile (1879-1883). En: Historia de la República del Perú 1822-1933. Tomo n°8. Ed. El Comercio.

[4] Ver: óleo del pintor español Ramón Muñiz,  en 1888. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/El_repase

 

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