Sin duda alguna, la carrera por el incremento del PBI es el afán constante de muchos países; sin embargo, ¿Esto implica -necesariamente- que se reduzca la brecha social, y se satisfagan las necesidades básicas de los ciudadanos? Creemos que no, y es que este índice tan sólo incluye el valor monetario de la producción de bienes y servicios, entonces, al no tener en consideración algunos aspectos tan básicos como el acceso a la educación, agua, saneamiento, salud, entre otros, no es una muestra real del desempeño de un país.
Ante ello, en el World Economic Forum’s Global Agenda Council on Philanthropy and Social Investing, organizado por The Economist en el 2009, surgió la idea elaborar un índice que demuestre el real desempeño de un país en temas de progreso social, y dicho encargo fue desarrollado por los profesores Michael Porter (Harvard), Matthew Bishop y Judith Rodin (Rockefeller Foundation), Hernando de Soto (Instituto Libertad y Democracia), y Scott Stern (Massachusetts Institute of Technology), y es en el 2012 que se presentó el Índice de Progreso Social por el Social Progress Imperative, Organización sin Fines de Lucro encargada de promover y elaborar dicho ranking todos los años.
Este índice de progreso social contiene cuatro principios claves en su diseño, lo que lo diferencia de otros como el índice de desarrollo humano de la ONU o el índice para una vida mejor de la OCDE, y estos son los siguientes: i) indicadores exclusivamente sociales y ambientales, ii) resultados, no procesos, iii) aplicabilidad, y iv) relevancia para todos los países.
Por todo ello, este índice pretende medir el desempeño de un país de manera independiente del desarrollo económico, y es que los tres componentes que contiene son relevantes para mostrar el grado de progreso social, dado que aborda en la medición los siguientes indicadores: i) necesidades básicas (nutrición y asistencia médica básica; agua y saneamiento; vivienda; y seguridad personal), ii) fundamentos de bienestar (acceso a conocimientos básicos; acceso a información y comunicaciones; salud y bienestar; y sustentabilidad del ecosistema), y iii) oportunidades (derechos personales; libertad personal y de elección; tolerancia e inclusión; y acceso a educación superior).
Ahora, el último ranking del Índice de Progreso Social del 2014 ubica al Perú en el puesto 55 de un total de 132 países y en el puesto 10 de Latinoamérica, con un puntaje de 66.29 puntos, por debajo de países como Costa Rica (puesto 25 y 77.75 puntos), Chile (puesto 30 y 76.30 puntos), y Argentina (puesto 42 y 70,59 puntos). Las deficiencias que muestra este ranking para nuestro país están en los temas de desnutrición, acceso a electricidad, acceso a agua potable en el ámbito rural, igualdad de género en acceso a educación secundaria, acceso a internet, respeto a la mujer, nivel de homicidio, y nivel de violencia criminal.
Por lo tanto, si bien es cierto que los índices macroeconómicos como el PBI son importantes para medir el desarrollo de un país, lo cual deviene en generación de empleos y salarios, esto no aborda por completo la problemática de la desigualdad y satisfacción de necesidades básicas, y es que el gobierno debe preocuparse por reforzar aquellos puntos débiles que nos muestra el ranking del índice de progreso social.
Aún nos queda un largo camino para poder considerar a nuestro país como desarrollado, pues, mientras exista desinterés de las autoridades por resolver estos problemas, estaremos sometidos a vivir en el subdesarrollo.