La única vía que tenía Alan para salvar su dignidad, la del partido y de su familia (y con ello su vida) era que le concedieran asilo en la embajada de Uruguay.
Cuando lo solicitó habló con el presidente Tabaré Vasquez y el Canciller.
Se sintió seguro.
Así me lo dijo por teléfono
.
Al día siguiente una turba comunista se reunió en la puerta de la embajada del Uruguay.
Lanzaron gruesos improperios contra Alan, insultaron al gobierno uruguayo, atacaron ( y escupieron) el automóvil donde se encontraba su hija Josefina y su nieto. Luego pegaron una pateadura al ex premier Luis Alva Castro, que estaba enfermo, en presencia de la policia.
Yo, llamé al ministro Morán para demandar protección, a pesar que sabían lo que ocurriría porque en la esquina se encontraba una camioneta de la DIVIAC, la misma que despues se estacionó en la puerta del domicilio de Alan y se encargó del allanamiento, cuando por ley correspondía realizar esa diligencia a la Policia Judicial.
Ademas estaban pasando en directo las agresiones en televisión ( ver RPP y canal N ) .
Ninguno de los matones que golpeó a Alva Castro fue detenido y siguen en libertad.
Los atacantes no han merecido una sola nota en los medios de prensa o en los canales de televisión, porque, al parecer, gozan de protección mediática, a pesar de la violencia que ejercieron contra ciudadanos y contra una sede diplomática.
Fueron varios días de manifestaciones agresivas, violentas, cargadas de odio.
El objetivo de esos grupos era fomentar escándalo y acusar al Uruguay de aliado de la corrupción.
Pocos días después, tres congresistas del Frente Amplio ( Marco Arana, Humberto Morales y Wilbert Rosas) viajaron al Uruguay y se reunieron con parlamentarios comunistas afines que forman parte del Gobierno del presidente Tabaré Vásquez, que también se denomina Frente Amplio.
Los parlamentarios comunistas llevaron diversos pronunciamientos para presionar que no otorgaran el asilo al presidente Garcia.
Entre otros papeles deben haber entregado una deplorable declaración de la Ong TRANSPARENCIA señalando que no le otorgarán el
asilo.
Ante la presión, Uruguay retrocedió, se doblegó, cedió y negaron el asilo.
Al hacerlo lo condenaron a la cárcel y a la vejación, a que sus enemigos lo presentaran con esposas y chaleco con la inscripción de DETENIDO.
Con ese propósito, el fiscal que allanó su domicilio lo hizo acompañado de una periodista de televisión que, cámara al hombro, pretendía registrar ese episodio de infamia, que Alan impidió con su muerte.
Han pasado cuatro meses de esos dolorosos hechos y no existe ninguna declaración de ejecutivos de Odebrecht o de alguna empresa nacional o brasileña constructora que diga que entregaron dinero al mandatario, como si lo han hecho en otros casos.
No hay registro bancario de cuentas o propiedades ocultas.
Los fiscales, por ello, no presentan ninguna prueba, ni la presentarán porque no existe.
La burda patraña de lo dicho por Atala se derrumbó cuando una revista ( Caretas ) demostró que el dinero que recibió el empresario de Odebrecht lo utilizó para comprar propiedades en el Perú.
Alan amaba la vida.
Amaba la música, la poesía, la historia, el canto, escribir y enseñar en el Instituto de Gobierno.
Amaba recordar la bondad y sabiduría de Haya de la Torre y la etapa heroica del partido.
Su ilusión era formar a las nuevas generaciones apristas.
Alan era un padre-abuelo engreídor de sus hijos, especialmente del más pequeño, Federico Dantón, con quien leía, caminaban conversando o comiendo algodón de azúcar, iban al estadio y veían películas, porque Alan nunca dejó de ser un niño ocurrente y bromista.
Amaba a Dios, porque era catolico pacticante, devoto del Señor de los Milagros; por ello murió con una cruz de madera aferrada a su mano.
Su partida golpea nuestro corazones, acrecienta nuestro afecto y demanda justicia.
Porque con él se fue parte de nuestras vidas.
Ahora Dios lo tiene a su lado.
Luis Gonzales Posada
Ex Canciller y ex congresista de la República
(Las otras razones de García .- (Reflexiones ciudadanas / Por Juan Carlos Mejía Seminario)