Por: Diego Alonso Duque Márquez
En el marco global, el punto en debate sigue siendo la intervención de la cepa, un virus de trópico continental: trágico, extraño, agresivo, y letal desde su epicentro y dispersión por Asia _prepotente con la fragilidad de los pobres y su territorialidad_. Motivo de Preguntarnos ¿Qué es Latinoamérica en estos momentos?, ¿Por qué el sentimiento de inseguridad rebosa por encontrar la normalidad?
Dialogo constante y con un enorme abanico de respuestas, desde intelectuales, expertos en micro datos, informáticos, virólogos, epidemiólogos, médicos entre una serie de campos multidisciplinarios. Una evidencia que pone en discusión también a grandes figuras del campo social.
Son días en que se echa de menos la rutina, se añora la calma y fecunda el miedo. Para los enfermos siembra el pánico y la paranoia, la angustia de ser paciente teje la incertidumbre de soledad inminente, pero llega el colapso de vías telefónicas en atención y la falta de ventiladores, mascarillas o camillas. Sin dudas, llega la fragilidad.
Para las cifras de la Universidad Johns Hopkins (EE. UU), publicadas el día 14 de abril, un tercio de contaminados a nivel mundial representa a 2 345 000 mil casos confirmados, 160 mil muertos y casi la cuarta parte se ha recuperado. New York, ciudad de la mayor reserva de oro mantiene el confinamiento y la Florida retorna a sus actividades, algunas playas en USA vuelven a su normalidad. No obstante, el precio del petróleo WTI[1] se va mejorando, luego de estar “debajo de los 0 dólares para su entrega en mayo”.
Si bien es cierto, muchos países ya extienden aislamiento social sanitario: el
confinamiento sigue vigente, pero es más flexible. Las fuerzas armadas ahora
vigilan puntos estratégicos y el cierre de fronteras: “expresión desesperada de soberanía” […] aporte en términos del surcoreano Byung Chul Hang al referirse a “la emergencia viral y el mundo de mañana”[2] una fuerza de aporte lineal, ya que, el cierre de fronteras esta lleno de discusión o defensa en términos geopolíticos, esto debido al impacto de comportamiento de sistemas internacionales.
La enfermedad de la soledad tiene un movimiento corporal de mea culpa, la impotencia de ayudar despliega la ansiedad y “culpa de poder sin poder”, metáfora en el camino oscuro por el túnel bacteriológico, cuya mayor expectativa es que el mundo llegue con mejores noticias. Italia confirma 178, 972 mil casos, 123 660 muertos y cerca de 47055 mil aliviados. Moscú considera los permisos espaciales para circular a partir del 15 de abril. Francia por su parte registra 152, 995 casos registrados, 19718 muertos y cerca de 36, 588 recuperados. En el país de la torre Eiffel, su presidente Emamnuel Macron sigue aumentado la cuarentena en medio del cuestionamiento por la gestión de abastecimiento y prevención a la sanidad, situación similar a América Latina y el Caribe.
En Latinoamérica, el país más afectado es Brasil con sus favelas comuna, hasta el día 19 de abril el cristo redentor abre sus brazos a 38 mil afectados, se agudiza la crisis y la población pide a gritos la intervención militar y el cierre del congreso. Los cadáveres y enfermos en Latinoamérica ya se cuentan por millares. La pandemia se expande aceleradamente; hay hambre, escasez de alimentos, nadie quiere morir en el intento de subsistencia y fin geopolítico. El virus lleva a los latinos a protesta. ¿Padecer o resistir?
A Bolsonaro se le ocurre la brillante idea de destituir a su ministro de salud: Luis Henrique Mandetta por pronunciar cifras completas no ligadas al lineamiento del militar, un contexto muy comparativo a Perú; “Vizcarra también sustituyo a la Ministra de Salud”. El gobernador de Sao Paulo dice que Brasil “lucha con 2 virus: el coronavirus y el Bolsonaro virus. La sociedad protesta desde casa, con su móvil, y a tuitazos, los edificios en la capital alzan el grito a cacerolazos o cacerolazos virtuales como sucedió en Perú. Retumban ollas y latas dependientes del fierro y plástico, pero también las teclas de un dispositivo digital.
Otra conmoción es en Bolivia, Jeanine Añez evalúa vender el avión presidencial de Evo Morales ante el posible caso de necesitar fondos para el sistema de salud frente al coronavirus. Un asunto donde la mayoría de países en Latinoamérica presentan la austeridad de políticas “socio-sanitario”. Ecuador presenta más de 12 mil cadáveres, el sistema de salud colapsa y muestra la verdadera pobreza extrema, ruralidad y desnutrición. La odisea en Guayas capital de Guayaquil aleja a los muertos de sus familias, el cuerpo se pierde y quedan a la intemperie para luego buscarlo en bolsas negras de los “containers” de las morgues. Según el diario Metro Ecuador[3]: son los presos quienes fabrican ahora ataúdes para Guayaquil. La ética hospitalaria de los penitenciarios ahora es recíproca, tanto así es la oferta y demanda de ataúdes que el régimen gubernamental de Lenin Moreno saca un decreto para regularizar y obtener precios módicos de ataúdes. Estos oscilan entre $10 a 200$ dólares.
Un episodio para lo público y alto prejuicio de la industria del miedo, han erosionado las más grandes rentas de emoción: incertidumbre, sensibilidad, seducción, ansiedad, y la tragedia en el globo. Ese sentimiento desagradable al que Galeano llama el "gran manicomio e inmenso matadero". Virus, confieso por degollar al PBI per cápita más desafiante de las civilizaciones. El capitalismo de la catástrofe, es el término acuñado por Naomi Klein[4], un paradigma en perfecta discusión al referirse a la normalidad; una normalidad que tiene presente a la crisis, una excusa que realizan los gobiernos de turno y ponen en debate la pérdida de "vigencia inmunológica" al que el filósofo y ensayista Chul Hang sustenta en su tesis Sociedad del Cansancio. Occidente se atreve a notificar por estar viviendo sin enemigos, en el exceso de positivismo, "determinismo y fatalismo"…pura maldad. Líquida, como decía el sociólogo Zygmunt Bauman[5], audaz polaco recordado por hacer mención a los vínculos humanos, la generación futurista y las relaciones fluidas y solubles.
Volviendo al punto de partida, el virus se da en un ámbito muy similar a la "guerra fría". "La globalización y la incertidumbre suprime los umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital". El Covid 19 es el invisible que rodea al soberano que establece relaciones como dominio de control, conflicto, tratados de libre comercio, protocolos de información o manipulación financiera hacia el estado (La CONFIEP, claro ejemplo en Perú).
Negar al enemigo también simula al apetitoso en el desierto, el cínico que come y comparte con las especies. Podemos decir que existe una paradoja en la crisis socio sanitaria, el ser humano intenta sobrevivir, sin importar la metáfora de "solo los criminales usan máscarilla". Psiquismo extrasensorial del ser contenido; y el reo social, psicótico y confundido cuándo sabe que pierde y absorbe el negativismo _vuelve el positivismo_. Una perversidad donde más golean los villanos de la élite al implementar política sin consulta popular. Es decir quienes sacan provecho y explotan al máximo son el estado en su desfase de “hiperconectividad”[6]. Este último término, cuyo pionero es el citado Byung Chul Hang: quien hace referencia al mundo actual, situado en el “internet, y su facilidad en “movimiento y transporte que caracterizan el proceso económico de la globalización”.
¿Por qué este capitalismo de catástrofe? ¿A qué se debe en realidad esto? ¿Qué es Latinoamérica en estos momentos?
Latinoamérica a Naomi Klein le debe mucho, siendo una de las investigadoras más densas y polémicas de resistencia, dedicación y audacia permisiva en la búsqueda de información. En occidente existen grandes peligros ligados y constantes a causalidades de régimen, perfección y territorio. La deconstrucción de lo auténtico y la violencia del narcisismo (ego mismo) regulariza al titánico capitalismo de la catástrofe, revive al ser y encuentra el "panóptico"[7], protocolo de "vigilancia y castigo" al que Michel Foucault llama a los encerrado en un lugar: escuela, fábrica, cárcel. No obstante, en vez de generar producción nos acuartela para evitar contagios, y no enfermar.
Entre tanto la pandemia es el azar de estar aislado, sin fin de producción y recojo agudo del existimo. Solo está el panóptico digital de nuestras vidas y la distancia del "calzado" a metro y pico para no ahogar pronto. Una realidad ocultada en la cultura del clic, los trópicos de redes o plataformas corporativas lanzando pantallazos sin cesar de las cifras diarias de contagios.
Para algunos nos resulta frecuente seguir Facebook y democratizar medidas de prevención. Hay quienes se arrodillan a Dios para implorar súplicas, angustia, tal fe que agudiza mil sentimientos de inseguridad.
Naomi Klein denomina doctrina de Shock o capitalismo de la catástrofe, a la
pandemia invisible letal y mortífera que el inspector humano busca aprovechar
Para incidir como un andante viajando por el mundo en cuarentena y la economía naranja de Latinoamérica y el Caribe.
Pero incrustar la mirada doquier en movimiento sanitario, nos permite conocer que los estados siempre suelen aprovecharse de la población. Una figura de acuerdos a la que Chomsky tras referirse a la palabra “imperialismo” en un intercambio de palabras en la cadena HT-entrevista del ex-presidente de Ecuador Rafael Correa. Argumenta que la noción imperialista siempre surge en los estados como estrategia "sin recibir castigos ni censuras" posible.
¿Cómo interacciona el Covid 19 con América Latina?, ¿Es esta conmoción que permite establecer un nuevo sistema de gobierno?, ¿El virus puede remplazar la burocracia?
Las respuestas son un enigma, el virus por ahora no puede darle la razón al exitismo patológico del viejo senil, longevo y patriarca de la familia: el explotado totalmente de su interior, el agotado de la carga de subsistencia generativa; al obeso, asmático o diabético saturado ya de excesos y recesos mientras suplica en su pánico por vivir; el esclavo moderno de la economía independiente que no encuentra un juicio final para juzgarse.
La población se vuelca en la producción de mascarillas, las modistas en
aislamiento y el empresario nacional es clave para reducir la dispersión de
gotículas de saliva. La mascarilla sirve para la minimización de la enfermedad. El hilo se convirtió en el “marvel” de mascarilla que llego para batallar con el virus. ¡Un barbijo!
Sin excepciones ni reproches por ahora la sociedad seguirá moviendo su rostro: piel y quijada bajo un cubre boca inmerso en la lucha del Covid.
A grueso modo, la situación en mi país es similar al sendero de las favelas, y la contextualización en las ciudades de América Latina. En Perú, los barrios, y asentamientos humanos informales son el vacío del poder del estado. Acá en las periferias se desnuda un muladar de desigualdades y fenómenos complejos de puntualizar. En el azar, adaptación, reproche y angustia del “achoramiento” peruano y la cholificación resiliente. Se siguen disolviendo los “foccus infecciosos” entre efectos psico-políticos como proceso evolutivo de la desesperación y el 4G. Por mi ciudad, la percepción extrasensorial de mis paisanos pide a gritos la ayuda del gobierno, en las oleadas y huidas de los barrios nadie quiere ser despellejado por los gallinazos ni hallarse en bolsas negras para ir a dormir eternamente a las fosas comunes.
Como decía la voz de Latinoamérica Mercedes Sosa: ¡SOLO LE PIDO A DIOS QUE EL DOLOR NO ME SEA INDIFERENTE!