Autor: Esoj García
Cuando murieron Nietzsche y Dostoievski, las premisas que legaron al Pensamiento: “Dios ha muerto” y “si Dios no existe, todo está permitido”, respectivamente, anunciaron la forma que tendrían las acciones humanas entorno a su tarea privativa: el quehacer de la cultura. La vanalización de ésta no estriba en el adjetivo de quien la consume, sino en la falta de hondura cuya apariencia toma la forma de un huero fraseo: 'el mundo no será el mismo después de la cuarentena', 'la modernidad está en crisis', 'la democracia está en cuarentena', 'el capitalismo está en crisis', 'economía de guerra', etc. Al morir o ya no existir Dios, la metafísica, ese método de estudio del Ser a partir de sus propias categorías de tiempo, espacio, magnitud, variación, etc., pero que aterriza en problematizar la existencia individual, se ha trastocado en un vano fraseo o en la simulación de sabiduría a partir de la busca de conceptos oscuros o de agradable cadencia y que se acomodaría a la subjetividad de unos pocos frente a unos muchos: ‘hay que salvar la democracia’, ‘ las instituciones son primordiales’, ‘hay que decirle la verdad a la población', etc.
Sin embargo, la ideología, una idea concebida para interpretar y dirigir el mundo de la vida, expresada por Carlos Marx y José Carlos Mariátegui y aplicada en la praxis aprista, cuya teoría fue formulada en el texto de 1928 y su praxis en el gobierno de 1985, es hoy un premeditado esfuerzo de vanalización de las ideas, lo que deviene en demagogia. Descartes advirtió que la razón captura la “idea clara y distinta”. Así, a la demagogia, buscaremos anteponer la economía; a la democracia, la consecuencia del método; y a la vanalidad del panfleto, las ideas de izquierda. En tal sentido, la correlación de hechos ocurrida desde el inicio de la cuarentena, es, efectivamente, el de la salud con la economía, aunque no por la democracia, sino por el rasgo económico: la correlación de salarios reales y el volumen de la producción[1]. Según el segundo postulado de la 'escuela clásica', cuando aumente el volumen del empleo, formal, el salario por unidad de trabajo se verá alterada, es decir el salario real decrece. La utilidad del salario, al emplearse un determinado volumen de trabajo, es igual a su desutilidad marginal. El ideólogo vanalizado, arguye que debe procurarse la cadena de pagos, pero el método sostendría que es la relación marxista del Dinero-Mercancía-Dinero la que debe cuidarse. Pues es la posición primera del capitalista, la del comprador, es decir el empleador que compra la fuerza de trabajo, la que no debe interrumpirse, para no interrumpir la conversión del dinero en capital (la relación D-M-D’).
El demócrata puede argüir que se debería extender la extensión de los subsidios, o evitar que la población perezca. El consecuente podría argumentar que lo sustancial es que el sistema político y económico, que fuera imperante desde 1995 (es decir desde el segundo Fujimori), está buscando ser defendido, sostenible: los que 'dominan la economía, dominan la política', por ello, el Estado está procurando seguir gobernando con la misma economía. Sin embargo, el segundo principio de la economía clásica, como premisa para interpretar la Pandemia (es decir, la coyuntura), resulta modificada en su primera parte, pues no ha aumentado el empleo, sino que éste no está desarrollándose, es decir, la fuerza de trabajo no esta, hoy, produciendo valor. Con lo cual, lo que Keynes buscaba demostrar, que además del paro laboral friccional (huelga de trabajadores por descenso de salarios nominales), también existe el paro involuntario. Los trabajadores no están en huelga friccional, sino involuntaria. El segundo principio de la escuela clásica admite que los desajustes del sistema económico resultan de la ampliación del volumen de empleo. Sin embargo, hoy, no hay empleados a los cuales pagar, con lo cual el desajuste económico no es resultado de una falla del sistema que permite paulatinamente aumentar el empleo, es decir, ensanchar el valor nominal del salario, con lo cual el salario nominal se subdivide en más trabajadores asalariados, resultando el decrecimiento de su capacidad adquisitiva (el salario real), cuyo resultado político es la huelga, sino que el fallo del sistema deviene por una situación no prevista por la episteme de la economía clásica, el paro involuntario. El ensanchamiento del salario, es decir, pagarle a más trabajadores no es sino la cadena de pagos.
¿Qué puede argumentar el panfletario? Ya sea a pluma o vanalizando el logos, dirá que 'la democracia está en cuarentena’, o piensen en la “propiedad del propietario”, probablemente el político o joven de izquierda argumente: no está en peligro la democracia, el soldado es un hombre del pueblo, su sangre ha sido vertida en 1879, también en la década del 80. Más bien de lo que se trata es de la relación entre “ahorro” y “dinero (D', es decir Capital). Que la no posibilidad de ahorro del pueblo es frenada porque el ahorro solo puede procurárselo el capitalista, precisamente en el segundo momento de la relación D-M-D’, cuando el vendedor se ha trastocado en comprador. El demócrata, que se alía con el panfletario, sostendrá que esto último, la conversión del vendedor en comprador, es un perogrullo, sin embargo, el consecuente y el joven de izquierda podrían argumentar: el capitalista asume que los costos de la producción serán cubiertos con los ingresos, pero éste resulta un prejuicio epistemológico, pues puede darse el siguiente caso, resaltado por Keynes: la renta total que percibe cada miembro de la comunidad (de la Nación), siendo esta renta resultado de una actividad productiva tiene un valor igual al valor (capitalista) de la producción del Dinero en Capital: es decir, los costos de la producción (los derechos laborales expresados en servicios y/o compensaciones) que deben ser cubiertos por el producto marginal de la producción (el valor monetario de la empresa que constituye al salario) Si el salario del trabajador expresa algo, diría el izquierdista, es ese valor de la producción resultado de la fuerza de trabajo, que aún siendo resultado del propietario de esa fuerza de trabajo, lo conserva, lo detenta el empleador. Los empresarios no pueden producir la plusvalía, porque no hay fuerza de trabajo que este produciendo ese valor. El Estado desde 1990 subsidia al empresario, “pagando” los derechos laborales, cuyo valor produce la fuerza de trabajo del empleador. Pero el joven de izquierda y el consecuente amante del método, advierten que los panfletarios se multiplican exponencialmente, contribuyen los demócratas, pues piensan que así procuran la libertad de expresión, le ayudan los demagogos. Por eso, el economista, que sigue la premisa 'quien domina la economía, domina la política', argumenta que porque el 'ahorro' (una forma , o momento, determinado del Capital (D'), en la correlación D-M-D’, o también entendida como D-D'), solo es un acto privativo del capitalista, pero no del propietario de la fuerza de trabajo. El economista puntualizaría: En los costos de producción está incluido el salario, los costes de factores que genera el empleo de la producción de valor de la fuerza de trabajo.
Pero, tal vez el panfletario quedé inmerso en la duda, hará denodados esfuerzos en esclarecerla, el economista sabe que el poder multiplicativo de los panfletarios puede confundirse con lo que los vanalizadores del logos llaman 'mayoría', o 'populismo', un panfletario partidarizado, a veces aparecen y generan distorsiones, aunque solo en un espacio de estudio semejante al de las dispersiones de onda en la Física (si el economista es un marxista partidarizado, podría entender esto último, pero de entre los economistas existe el economista panfletario, ideologizados sí, pero sin Mariátegui), puede señalar la advertencia de radicalizar la democracia. La democracia es un noble ideal, tal vez luego de la “muerto de Dios” es el ideal inmediato de la “creatura humana”. Pero al canalizarse su divulgación en los demagogos, profesionales de la política, la democracia se vanaliza. El consecuente advierte que los demagogos son un peligro, el consecuente porque cree que el método educa, es que educa al demagogo. Pero el economista retoma la palabra, recuerda al consecuente el método, y señala: hay un punto en el que confluyen el planteamiento crítico de Keynes al segundo postulado de la economía clásica y la teoría del valor de Carlos Marx: el principio de la demanda efectiva. El economista advierte que el incremento del volumen de empleo incrementa los costes factores (el salario), pero el valor de este volumen lo fija el deseo del capitalista en maximizar la diferencia entre el Ingreso y los costos de producción (el valor producido por la fuerza de trabajo). Es decir, añade el consecuente, maximizar la ganancia del capitalista decidiendo el precio de la mercancía producida y el nivel de producción (cuánto producir), procurar el menor salario (elevando los precios). Pero el coste de producción es el pago por el consumo, de parte del empleador, del valor de la fuerza de trabajo, consumo que se opera por fuera de la circulación D-D', y se desarrollaría, más bien, en la circulación M-D-M (vender para comprar). Esta circulación M-D-M se opera en un ámbito de libertad de voluntad entre el trabajador y el empleador, es decir este es el ámbito de los derechos laborales. Pero el capitalista al buscar la diferencia máxima, busca pauperizar el coste de factores, que no es sino encarecer los derechos del trabajador, ya del campo, ya de la ciudad. ¿Cuál es el momento en el que la empírea de la relación entre la persona que compra la fuerza de trabajo y la persona que la oferta sale de la circulación M-D-M? El momento en que el ofertante es un 'obrero' y el comprador el 'capitalista'. Hoy, también está circulación se ha detenido. El capitalista no genera D' (Capital) en la simple circulación de Mercancías, sino en la circulación D-M-D'. Busca, en consonancia con los demagogos, los demócratas y los panfletarios morigerar el Interés, mudando la variación del interés compuesto al interés simple: ya no importa que el capital no genere intereses en función del tiempo de los préstamos (generados por el empresariado, formal o informal), pero sí mantenerlo como variable constante.
Los panfletarios, los demagogos y los demócratas, al vanalizar en común la ideología, bregan porque el estado de cosas no varíe. Argumentan que las fallas del Sistema son externas (la Pandemia), pero el economista, el consecuente y el doctrinario de izquierda le recuerdan que la circunstancia de la Pandemia ha descubierto el problema estructural de la economía que rige desde 1995. Pero, puede preguntar el panfletario, ¿siempre fueron así las cosas? El economista (marxista) respondería: No siempre. El ‘obrero' ha venido ascendiendo en función del régimen económico de los gobiernos. El consecuente, que ama el método tanto como la historia, refiere que en 1990 hubo el ascenso político de una nueva clase social, que en 1985 el populismo llevó a extensas masas sociales a ampliar su consumo, y que desde 1968 el Estado aplicó el Capitalismo de Estado, es decir, la dirección estatal de la producción. Pero el joven de izquierda, que ha leído a Haya de la Torre porque ha leído a José Carlos Mariátegui, y que tal vez salude el fervoroso empeño del panfletario en comunicar las ideas, pues el panfletario partidarizado o no, tiene, sigue y aplica una agenda, dirá: no importa cuándo, sino distinguir quién está de lado de la clase obrera y quién del lado de la clase capitalista.
[1] Para acercarnos a esta correlación, es necesario revisar la relación D-M-D’ (dinero-mercancía-capital. O también entendido como “comprar para vender”), D-D' (dinero-capital) y M-D-M (mercancía-dinero-mercancía. O también entendido como “vender para comprar”).