Punto de Encuentro

El poder que pasa caleta

A lo largo de la pandemia hemos visto a un poder ejecutivo sobrepasado por la coyuntura, con ministerios que no han ejecutado ni siquiera 50% del presupuesto asignado para control del COVID 19, un presidente que es abucheado en sus salidas a provincias y un recambio ministerial lleno de nombres que, por lo menos sobre el papel, no dan la talla para el nivel de desafío que implica asumir el gobierno hoy en dia.

Por su parte, al Poder Legislativo la pandemia lo encontró disuelto. Fue en pleno inicio del Estado de Emergencia sanitaria que los congresistas asumieron el cargo. Desde entonces, el ejercicio de poder de este aparato ha sido exclusivamente populista, marcado por abundancia de propuestas imposibles de cumplir, modificaciones constitucionales descontextualizadas y pulseadas de poder con el Ejecutivo. Además, existe un enfrentamiento interno que no deja vislumbrar un horizonte en el que la situación cambie.

Sin embargo, salvo por los comunicados suspendiendo plazos procesales y administrativos, el Poder Judicial ha brillado por su ausencia. Los únicos que hemos sido capaces de notar la realidad al interior de este poder crucial del Estado hemos sido quienes nos vemos en el deber de interactuar con esta entidad en función de los servicios jurídicos que llevamos a cabo.

Y la imagen que queda del Poder Judicial no es nada grata. Desde antes de la pandemia este poder arrastraba problemas institucionales intrínsecos. Estaba agobiado por una carga laboral desbordada, sostenía a varios magistrados y funcionarios de probada ineficiencia, no daba los pasos adecuados en camino a la digitalización de la justicia y no permitía el acceso a la justicia a los peruanos  a partir de burocratizar los procesos al punto de que estos perdieran su utilidad y propósito.

Y con la llegada de la pandemia todos estos problemas se han visto agudizados. El lunes de esta semana ha empezado a circular un comunicado oficial del Poder Judicial explicando el proceso de reactivación de la justicia, aclarando algunas confusiones con los plazos señalados en la normativa. Esta misma comunicación ha dejado traslucir un fuerte resentimiento entre los funcionarios administrativos y los magistrados. Se insta a calmar los ánimos, atender las llamadas y solicitudes con diligencia y omitir los malos tratos entre trabajadores públicos, cualquiera que sea su cargo.

Con la llegada de la nueva normalidad, la cara de la justicia peruana se está viendo forzada a cambiar por la fuerza. La tan postergada digitalización no puede esperar más, los funcionarios incapaces de integrarse al trabajo en equipo deben ser descartados y la ciudadanía debe encontrar acceso adecuado a la justicia. El servicio de justicia de un país no se rige por las reglas del mercado. Ante el fracaso del Poder Judicial no se puede confiar en que la competencia va a incentivar el mejoramiento del servicio. Del mismo modo, la organización territorial de las cortes y juzgados no puede seguir una lógica de eficiencia empresarial. Se debe apostar por rentabilidad social y no rentabilidad económica en la política pública de justicia.

Ante estos contratiempos, la circular del Poder Judicial manifestaba de modo casi sarcástico que no hay presupuesto asignado suficiente como para revertir la situación. No hay partidas de dinero para contratar más funcionarios que permitan estructurar equipos de trabajo acondicionados al teletrabajo. Tampoco para comprar equipos y tecnología que permita transicionar de modo más eficiente al futuro digital. El tufo de dinosaurios conservadores que se rehúsan al cambio es fuerte.

Las Mesas de Partes Electrónicas no sirven más que en un puñado de jurisdicciones y los correos electrónicos asignados para la presentación de escritos no están siendo eficientes para impulsar los procesos. Estos quedan sin contestar o son contestados con tanta demora que ya no tienen sentido. Asimismo, una buena parte de los trabajadores de la justicia se encuentran en la población de riesgo COVID, por lo que no pueden volver a trabajar, pero siguen cobrando puntualmente por estar en sus casas. Como la cereza en el pastel encontramos la falta de proactividad en la administración de justicia, rechazando escritos en lugar de derivarlos al juzgado competente para resolver el reclamo, a pesar de que este contexto ha forzado a que varios juzgados asuman la competencia de otros, lo que ha generado confusión en la comunidad jurídica en general, ni que decir en el ciudadano de a pie.

Es inadmisible en un Estado de Derecho que el Poder Judicial no cuente con recursos para afirmar su posición a nivel nacional, proveyendo justicia de nivel, garantizando el desarrollo equitativo y libre de las personas. Felicito al Poder Judicial por no haberse sumado al circo político que los otros dos poderes del Estado están tratando de impulsar. Sin embargo, exhortó a los funcionarios con capacidad de decisión a tomar acciones afirmativas más contundentes. El Poder Judicial debe pasar por una transformación que le permita alcanzar a la modernidad y a la sociedad en los términos en los que se configura la vida en la nueva normalidad.

Para ello, se debe estructurar un equipo de análisis de la realidad peruana que determine, basándose en la ciencia, la forma organizacional más conveniente para el futuro venidero. Se debe diseñar un aparato de justicia que garantice el acceso a la justicia y la tutela de los derechos constitucionales a través de ella. Se debe simplificar la tramitología y se debe acabar con la impunidad. Solo así se podrá tener un aparato de justicia capaz de enfrentar los profundos problemas de corrupción que azotan al país, que han proliferado en la pandemia, y que no tienen espacio en el Perú del bicentenario.

La reforma de la justicia en el Perú no pasa por la Junta Nacional de Justicia, sino por los miles de funcionarios de rango medio que integran las filas del Poder Judicial a nivel nacional. Estas personas tienen que ser reorganizadas y motivadas adecuadamente para que la reforma tenga alguna oportunidad de éxito. De lo contrario, seguiremos dando vueltas sobre las mismas problemáticas.

 

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