Punto de Encuentro

Covid: La Batalla Final .- (Reflexiones Ciudadanas)

Por Juan Mejía

Tengo el convencimiento personal que el Covid no es una enfermedad natural. Tengo la firmeza en mis  ideas para pensar que viene de un laboratorio militar con la finalidad de específica de afectar las economías mundiales. Sin embargo, este no es el tema de éste artículo. Desde que asumí hace unos meses el peso inmenso de luchar contra éste mal con un equipo de trabajo no he descansado en la labor encomendada por el Gobernador Regional de Piura.

Sé que cada día he ido arriesgando mi vida. Pero también soy consciente que extremé al máximo mis medidas de seguridad. Mis compañeros de trabajo y mi familia lo saben. No he visitado a ningún amigo durante estos meses. No he visitado parientes. No he tomado ni gaseosa. Y en mi oficina todos a tres (3) metros de mí. En mi oficina no hay nadie más que yo. Y solo hay 4 personas en todos los ambientes. Cada una en un ambiente diferente. Todos con mascarilla. No hay forma que yo haya sido contagiado por nadie. Por nadie.

El día 17 de Julio me puse para dormir una buzola sintética. Eso provocó una quemadura en mi entrepierna derecha. Y también en mi mano derecha. Como lo pude yo constatar ambas cosas no han sido ocasionados por el Covid. Sin embargo, la hinchazón en ambos pues implicaba que las inmunoglobulinas venían trabajando para evitar infección en ambas quemaduras. Era absolutamente contraproducente someterme a una prueba rápida pues con seguridad que saldría positivo, sin tener Covid. Tenga en cuenta usted, amable lector que las pruebas rápidas NO DETECTAN COVID. Solo detectan si el sistema inmunológico  está trabajando ante una infección. Es decir puede salir positivo sin tener Covid. Y es por eso que los médicos en todo el mundo recomiendan las pruebas moleculares que son 100% confiables y no las rápidas. El hecho es que mi asistente conforme a Ley y habiendo transcurrido el plazo de Ley pidió prueba rápida para la Gerencia pues correspondía. Y me lo dice 15 minutos antes que lleguen los médicos. Inmediatamente me ofusqué. Sabía que por el tema de las quemaduras accidentales saldría positivo. Y en  efecto así fue. Llamaron al médico que trabaja en la Gerencia para que revise. Y dijo: Satura su oxígeno 98 a 99. Sus pulsaciones son buenas. Además la prueba dice que usted tiene IGM más IGG. Es decir, su organismo viene aceleradamente produciendo anticuerpos. En términos de tiempo mi estimado Doctor, dijo el médico, usted tiene como mínimo 14 días y como máximo 21 días con el virus. Pero como usted es asegurado, ahorita ordeno una Tomografía. Y me llevaron y sacaron la tomografía. Y a los 10 minutos me dijo: “Lo siento. Usted debe estar aislado mínimamente 7 días y máximo 14 días. El protocolo lo exige. Lo extraño es que no tiene ni un síntoma. Pero la tomografía parece que debería tener alguno. Debe ser hasta el momento asintomático. Pero debe aislarse”. Entonces llegué a casa y le comuniqué a la familia mi decisión de aislarme. En una sola habitación me encerré. Durante 14 días estuve lejos de mi familia. Recibía mis alimentos por la puerta. Y durante todo el día oraba. Desde el 22 de Julio a la 1pm inicié mi proceso de aislamiento. Ese mismo día se me administró la medicina correspondiente. Esa misma tarde y noche empecé a sentir la angustia normal de cómo irían los demás días. Pensaba en silencio si me faltaría con las horas el oxígeno. O con los días. Esa primera noche no pude dormir. No por mí. Pensaba en mi familia. Y también en Piura. En que tengo aún una lucha pendiente por ella.

Al día siguiente a las 9am llegaron el servicio de Médico a tu Casa (Médicos Solidarios). Me volvieron a revisar. “Está usted bien. Está estable. Mire doctor ponga atención. Yo no quiero que usted tranquilo o calmado”. Ante ésta rara afirmación, interrumpí. ¿Y entonces doctora? ¿Debo estar nervioso?. “No doctor. Debe estar contento, alegre. No permita que la depresión lo atormente, ni la ansiedad. Buena alimentación, descanso y estar alegre”. Pero, ¿Cómo doctorar? “Imagine que está encerrado para sus exámenes parciales o finales”. Y eso hice.

Esa  misma mañana me puse a buscar libros y a programar los temas, las horas y los libros a estudiar. Los libros me trasladaron a otros temas. Se me iban las horas. Llegaban las 11 pm y caía a dormir. La siguiente mañana al despertar abrí los ojos y ví que estaba vivo. Agradecí a Dios. Justamente 2 días antes de que me detecten luego de mi rosario decidí oír a Perales, a José Luis Perales, mi connatural compañero musical. Escogí canciones alegres de Perales. Ninguna triste.  Y desde el 20 de Julio empecé a oírlas y colgarlas en mis redes sociales. Perales y mis libros. Y orar. Cada día al levantarme agradecía un día más de vida. Durante la mañana igual por celular me encargaba de dar las órdenes en trabajo remoto. Y revisaba el despacho del día y firmaba lo correspondiente.

De hecho, el miedo, la angustia y la depresión son aliados que permiten desarrollar el Covid. Estas singularidades me permiten afirmar que no es una enfermedad natural. Pertenece a lo Oscuro. Y  de hecho, Dios interviene en cada salvado, en cada sobreviviente. Y todos los sobrevivientes deben cuestionarse si acaso Dios no te da ésta oportunidad de vivir para mejorar la vida de los demás a través de la tuya. Estoy seguro que sí. Ni más ni menos.

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