Punto de Encuentro

El nombre hace al hombre

7 Abril, 2015

Omar Via

Los latinos solían decir Nomen est Omen que quiere decir “el nombre es el destino”, “el nombre hace al hombre”, y así se reconocían ante su propia existencia. El individuo quedaba, de esta manera, atado a la significancia de su nomenclatura.

El individuo, sin embargo, también puede tomar una confección social o comunitaria. Por esta misma razón, de los antiguos latinos nos remitimos al presente mismo y nos ubicamos frente a un objetivo: España.

Nuestra pretensión no radica en desmembrar etimológicamente el nombre de aquel país y, con esto, sospechar la identidad nacional de toda su ruta geográfica (aunque esta iniciativa pueda conseguir inusitado interés), más bien comparar dos nuevos estilos y posturas políticas que han tomado protagonismo en su sociedad.

Dos de las agrupaciones que han dado la mayor sorpresa en España se llaman PODEMOS y CIUDADANOS; reivindican “el cambio” conjuntamente y “el fin” o “el inicio”, respetivamente.

Nuestro interés trasunta en analizar la suma de voluntades, sobre todo voluntades de juventud, que han adquirido las dos agrupaciones a razón no sólo de un programa y ubicación claros en el espectro político, sino del uso de sus discursos muy bien direccionados a volúmenes con un mínimo común aleatorio, adherido al mensaje que portan sus propios nombres.

“PODEMOS” hace recordar la no muy remota campaña del “We Can” de Obama en Norteamérica. Clara señal de insatisfacción y propuesta de nuevo rumbo; un rumbo que reconstruye todo, pese a todo y contra todo. Se busca el cambio, pero manda la protesta. Hijos netos del 15M, movimiento insignia de los “indignados” en el mundo. Dicen no creer en izquierdas ni derechas, sino en castas sociales de privilegiados y despojados de todo bien básico y común.

La danza de “CIUDADANOS” tiene otro compás. Su  denominación reclama, ante todo, la compostura de reconocer a los individuos con igual crisol bajo el territorio español, al mismo tiempo que un deber cívico de participación social de los mismos en el destino de su patria. Caso curioso porque reclaman patria unida a toda España y son originarios de Cataluña (Autonomía de fuerte cariz independentista), en lares donde reinan confines casi provincianos, en comparación con otras extensiones latitudinales. Tampoco creen en izquierdas o derechas, sino en otorgar mayores oportunidades a todos los sectores productivos.

No es pura coincidencia, entonces, que los dos grupos políticos hagan un llamado al cambio con propuestas distintas y que con esto remuevan la entraña juvenil; saben discernir y saben coincidir en la batahola de suma de voluntades.

Así Pablo Iglesias, líder de PODEMOS no merma voltaje alguno con frases como “la casta que gobierna desde la transición ha caducado, está acabada”; a su vez que Albert Rivera, líder de CIUDADANOS, no se inflama lo mismo al decir “somos la tercera vía y una nueva oportunidad”.

Fin e inicio, inicio o fin, ambos son muestras claras de un cambio en la existencia.

Esto buscan las agrupaciones mencionadas que cale en cada uno de sus receptores al brindar sus mensajes.

Seamos sinceros. PODEMOS/CIUDADANOS tiene mayor adhesión con el sólo golpe sonoro que PP (Partido Popular) o PSOE (Partido Socialista Obrero Español), partidos clásicos y de vieja data bipartidista que copó, por mucho tiempo, la oferta política-económica de la ciudadanía española.

CIUDADANOS/PODEMOS aglutina con mejor precisión un entusiasmo personal, grupal o (¿por qué no?) nacional, sin la tremenda responsabilidad de compartir doctrina, militancia o destino político con las demás voluntades personales que se sumen a la misma apuesta. Han roto el bipartidismo.

Este es el nuevo lenguaje. Si de algo pueden jactarse estos dos  bisoños partidos políticos españoles es de saber hablar a masivas concurrencias juveniles con slogans de rotunda actualidad, acompañados de campañas comunicacionales basadas en las nuevas tecnologías y convocatorias por redes sociales.

Bien hecho. Ese es el precio para figurar como delantero en la cancha de la política de la primera mitad del siglo XXI: Saber comunicar desde el nombre.

¿Cómo andamos por Indoamérica, y más exactos, en Perú, con la comunicación de nuestros políticos con la juventud? Démonos la oportunidad de desarrollar con mayor amplitud esta personal inquietud. 

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