Suena el teléfono. Suspiro lentamente y lo busco dentro de mi siempre caótica cartera. Aún no sé si el interlocutor es algún familiar, amigo, colega o "desconocido" conocido como banco. Cruzo los dedos -mentalmente claro está- y ruego que quién quiera que esté del otro lado, se canse o aburra por la espera, para finalmente colgar.
La escena antes narrada revela una verdad que quizá comparta con muchas personas: prefiero escribir que hablar, al menos cuando estoy al teléfono. Miró atrás y recuerdo con extrañeza mi primer celular. La emoción que sentía cada vez que timbraba, lo importante que era tener saldo para hacer decenas de llamadas y el agrado o la sorpresa ante una comunicación que podía durar hasta más de una hora. ¿Qué pasó? Definitivamente las cosas han cambiado y aunque la necesidad de comunicarnos es la misma, la evolución de los medios ha generado nuevas formas de ponernos en contacto tales como el "texting".
Esta palabra, incluida en el glosario de la era digital, hace referencia al uso de la escritura en plataformas tecnológicas como tablets y smartphones, y se caracteriza por la producción de mensajes concisos y rápidos. Esto no es ninguna novedad ya que, seguramente, haz usado al menos una vez una aplicación de mensajería instantánea. Al respecto, estudios han revelado que más de un 76% de usuarios de smartphones tiene instalada alguna aplicación de este tipo. Un claro ejemplo y la indiscutible favorita es Whatsapp, que recientemente alcanzó los 700 millones de usuarios activos en todo el mundo.
Se que no estoy sola en esto. Y me atrevería a decir que es más lo que escribes que lo que hablas desde tu smartphone. En el trabajo, en la casa, desde una combi, cuando caminas, en el almuerzo, en reuniones, antes de dormir y si tuviese más espacio continuaría con la lista. El teléfono nos acompaña a todos lados y en él no sólo escribimos palabras. Los emoticones, fotos, vídeos y memes también son parte de la jugada. Definitivamente, con un nuevo lenguaje vienen también nuevos códigos.
Es difícil entender el porqué de mi preferencia. Paradójicamente, disfruto de una buena conversación, no soy tímida y siempre tengo algo que decir. Tal vez el atractivo del "texting" radica en la comodidad que éste ofrece. Puedes hacer otras cosas a la vez, leer los mensajes con calma, decidir si responder o no, y tener más tiempo para definir qué es lo que escribirás. Me gusta ser dueña de mis palabras y manejar los tiempos a mi antojo. Y aunque expertos aseguran que el "texting" es un boom adolescente -gracias por eso- yo a mis 30 años no cambio Whatsapp por nada. Ojalá que luego de leer esta columna muchos me escriban y pocos me llamen. Por si no quedo claro: no me llames, yo te escribo.