Punto de Encuentro

Crisis en el Ministerio del Interior

En los últimos días, el ministro del Interior y el comandante General de la Policía Nacional del Perú, se encuentran enfrascados en un debate, que por el momento no tiene visos de solución, si nos atenemos a lo expresado por el presidente de la República, en la entrevista que dio a una revista semanal, de que espera que el tiempo y el espacio que les está dando al titular del sector interior y al jefe de la Policía, para que resuelvan los problemas o el presidente cree que es una crisis matrimonial.

Esta incertidumbre para afrontar los problemas y tomar una decisión, es una característica de quien ocupa el palacio de gobierno, y que además ha sido generado por el ministro del Interior, quien no ha demostrado carácter y temple necesario y suficiente, en su relación con su subordinado, y se ha expuesto que la solución final pase por el retiro de alguno de los contendores, o en el peor o mejor de los casos, el de ambos.

Un ministro de Estado, es el representante del presidente, y en consecuencia, el responsable de lo que haga o deje de hacer su sector; y en ese entendimiento, Avelino Guillen no ha entendido el rol que le corresponde asumir, ni las facultades que su condición de ministro le son inherentes, razón por la que, en vez de exigirle al comandante general subordinación y acatamiento a sus disposiciones, recurre a un árbitro que comparte sus mismas limitaciones, y que no solucionará el conflicto, hasta que el tiempo se encargue de ello.

Mientras esto ocurre en las narices del sector interior, la inseguridad ciudadana ha crecido a niveles preocupantes, sin que la policía muestre los planes y estrategias que dicen haber diseñado, y más bien, claman para que las fuerzas armadas acudan a su auxilio, con lo que conseguirían que la población se sienta aliviada por dicha participación, pero que lamentablemente, en muchos países de la región, ha demostrado que es una solución que trae más problemas para el control y represión del delito.

Si el ministro no comprende su función; si además se pone al mismo nivel que el comandante general; y, espera que otras instancias asuman la tarea de desfacer el entuerto, entonces, no califica para el cargo, el fajín le queda ancho, y su permanencia en el sector estaría en entredicho; con lo que el ministerio entraría en una situación de parálisis funcional, siendo por naturaleza el responsable de enfrentar con decisión y vigor, las múltiples causas que afectan la seguridad ciudadana en nuestro país.

Si la decisión pasa por la renuncia del ministro y por el respaldo del presidente al comandante general, dudo que haya un ciudadano con conciencia cívica y demócrata que acepte el encargo de dirigir los destinos del sector interior, pues no contaría con la autoridad para el desempeño de sus funciones, y tendría como subordinado a quien se sentiría empoderado y con capacidad de hacer y deshacer en la policía nacional.

Considero que la solución al problema que las circunstancias plantean, debería pasar por la aceptación de la renuncia de ambos; el ministro por no aplicar con autoridad y conocimiento las decisiones que su despacho formulan, y al comandante general, por su actitud de rebeldía y autosuficiencia, al percibir que cuenta con el apoyo del primer mandatario.

De esta manera, los involucrados en esta situación de entredicho, comprenderán que el desempeño de la función pública exige el acatamiento y cumplimiento de las normas que regulan las relaciones personales e institucionales, y que no se deberían fomentar enfrentamientos, que lo único que consiguen es que la población muestre su hartazgo y descalifique el accionar de sus autoridades.

En los últimos días, el ministro del Interior y el comandante General de la Policía Nacional del Perú, se encuentran enfrascados en un debate, que por el momento no tiene visos de solución, si nos atenemos a lo expresado por el presidente de la República, en la entrevista que dio a una revista semanal, de que espera que el tiempo y el espacio que les está dando al titular del sector interior y al jefe de la Policía, para que resuelvan los problemas o el presidente cree que es una crisis matrimonial.

Esta incertidumbre para afrontar los problemas y tomar una decisión, es una característica de quien ocupa el palacio de gobierno, y que además ha sido generado por el ministro del Interior, quien no ha demostrado carácter y temple necesario y suficiente, en su relación con su subordinado, y se ha expuesto que la solución final pase por el retiro de alguno de los contendores, o en el peor o mejor de los casos, el de ambos.

Un ministro de Estado, es el representante del presidente, y en consecuencia, el responsable de lo que haga o deje de hacer su sector; y en ese entendimiento, Avelino Guillen no ha entendido el rol que le corresponde asumir, ni las facultades que su condición de ministro le son inherentes, razón por la que, en vez de exigirle al comandante general subordinación y acatamiento a sus disposiciones, recurre a un árbitro que comparte sus mismas limitaciones, y que no solucionará el conflicto, hasta que el tiempo se encargue de ello.

Mientras esto ocurre en las narices del sector interior, la inseguridad ciudadana ha crecido a niveles preocupantes, sin que la policía muestre los planes y estrategias que dicen haber diseñado, y más bien, claman para que las fuerzas armadas acudan a su auxilio, con lo que conseguirían que la población se sienta aliviada por dicha participación, pero que lamentablemente, en muchos países de la región, ha demostrado que es una solución que trae más problemas para el control y represión del delito.

Si el ministro no comprende su función; si además se pone al mismo nivel que el comandante general; y, espera que otras instancias asuman la tarea de desfacer el entuerto, entonces, no califica para el cargo, el fajín le queda ancho, y su permanencia en el sector estaría en entredicho; con lo que el ministerio entraría en una situación de parálisis funcional, siendo por naturaleza el responsable de enfrentar con decisión y vigor, las múltiples causas que afectan la seguridad ciudadana en nuestro país.

Si la decisión pasa por la renuncia del ministro y por el respaldo del presidente al comandante general, dudo que haya un ciudadano con conciencia cívica y demócrata que acepte el encargo de dirigir los destinos del sector interior, pues no contaría con la autoridad para el desempeño de sus funciones, y tendría como subordinado a quien se sentiría empoderado y con capacidad de hacer y deshacer en la policía nacional.

Considero que la solución al problema que las circunstancias plantean, debería pasar por la aceptación de la renuncia de ambos; el ministro por no aplicar con autoridad y conocimiento las decisiones que su despacho formulan, y al comandante general, por su actitud de rebeldía y autosuficiencia, al percibir que cuenta con el apoyo del primer mandatario.

De esta manera, los involucrados en esta situación de entredicho, comprenderán que el desempeño de la función pública exige el acatamiento y cumplimiento de las normas que regulan las relaciones personales e institucionales, y que no se deberían fomentar enfrentamientos, que lo único que consiguen es que la población muestre su hartazgo y descalifique el accionar de sus autoridades.

NOTICIAS MAS LEIDAS