Limitar el poder y procurar su justa distribución. Esta fue la pretensión del contractualismo de Rousseau, formulada en el concepto de voluntad general. Pero fue Locke quien responde con la tesis del derecho a la propiedad. Acaso el pragmatismo político, cuya expresión acabada es el emprendedurismo, se aleje de este debate metafísico.
La academia, no obstante, ha procurado llevar la política por el camino de la pedagogía. Por eso, el buen juicio nos dicta que la política no debe perder el marco de discusión normativo o prescriptivo, suspendiendo toda inclinación ideológica unilateral.
La democracia necesita del debate, y el debate, de la altura académica. Limitar el poder y procurar su distribución, no debiera estar sujeto al cálculo minúsculo de la coyuntura, sino al sentido prospectivo de la sociedad y la ciudadanía.