Estudiar la ciencia de la política en el Perú es hacer seudo ciencia. Es razonar influenciado inevitablemente por las pasiones que despiertan los temas políticos. Es tratar de comprender al hombre - como zoon politikon, como ciudadano - conociendo las vastas limitaciones de tener como objeto de estudio a la especie más cambiante de la tierra. Es también pretender comprender al Estado, tan complejo, grande y desarticulado, y darse cuenta que al estar compuesto de hombres es igual de imperfecto. Es por lo tanto, decepcionarse y asombrarse ante fenómenos inesperados que la razón no explica. Especialmente en un país de sorpresas como el nuestro.
Estudiar Ciencia Política en el Perú es soñar acerca de un futuro mejor para la nación. Es leer a los clásicos -Sócrates, Platón, Aristóteles - y remontarse a la polis, al ágora, a la vida pública griega y soñar ser hombre libre. Hombre libre que piensa el deber-ser de la convivencia humana. Es hacerse las grandes preguntas que siguen sin ser resueltas: ¿quién debe gobernar? ¿cómo debe hacerlo? ¿en quién radica el poder? Para los más filosóficos, es no cesar de pensar la condición humana, pues una vida que no se cuestiona no es digna de ser vivida, dijo el fundador de la Academia de Atenas.
Pero estudiar ciencia política en el Perú es también aterrizar la teoría. Es leer diarios en las mañanas y zambullirse en la entreverada coyuntura. Es escuchar RPP, Exitosa y Capital camino a la universidad y decepcionarse de la gestión pública. Decepcionarse de un Estado débil de burocracia incapaz, o al menos incapaz para el bien común. Es cuestionarse si vamos en buen camino, a diario.
Estudiar la ciencia de Aristóteles es también leer a académicos más contemporáneos y pensar el Perú desde sus papers. Es cuestionarse si un sistema bicameral funcionaría mejor que la cámara única, o si un federalismo nos hubiera hecho bien. Es darse cuenta que hace falta el orden político institucional que Huntington reclama y la burocracia profesional de Weber. Para los pesimistas es, en una crisis de desánimo, preguntarse si hace falta un periodo de vulnerabilidad sistémica para provocar en el Estado un giro hacia la eficiencia. Y para los patriotas es comparar la realidad política peruana a la chilena, con rigurosidad científica, y preguntarse cuándo se jodió el Perú, en vocabulario académico por supuesto.
Pero sobre todo, estudiar ciencia política en el Perú es un reto y un compromiso. Es apostar por una profesión nada atractiva en el mercado laboral corporativo. Una que no se posiciona en el rentable mundo de la empresa privada, que esta en auge, sino en el público, una sucia prostituta que viene rezagada. Una profesión que trae consigo un reto tan grande que frustra, pero tan noble que vale la pena. El reto es el bien común y el compromiso es con todos los peruanos.