Punto de Encuentro

El espejo latinoamericano: caminos que no debemos repetir

Autora: Silvana Pareja

La escena política y económica de América Latina atraviesa un momento decisivo. En varios países, el populismo y el autoritarismo han encontrado terreno fértil, envueltos en discursos de justicia social que, en la práctica, han debilitado la institucionalidad y generado crisis profundas. Bolivia, Colombia y Venezuela, aunque con trayectorias y matices distintos, comparten un mensaje que el Perú no debería pasar por alto. La amenaza rara vez llega de forma abrupta; más bien se instala con promesas seductoras, hasta vaciar de sustancia las bases del desarrollo.

En Bolivia, el viraje estatista impulsado por Evo Morales, con la nacionalización del gas y el petróleo como estandarte, disfrutó de una bonanza inicial gracias a los precios internacionales. No obstante, el impulso se agotó. La ausencia de inversión privada, la caída del gas desde 2015 y una dependencia cada vez mayor de las importaciones han derivado en inflación, escasez, pobreza creciente y un endeudamiento preocupante. El intervencionismo, lejos de empoderar a la población, ha reducido su margen de acción y deteriorado la confianza ciudadana.

Colombia transita un camino diferente, pero también riesgoso. El gobierno de Gustavo Petro ha intentado llevar a la práctica una agenda de izquierda radical, impulsando reformas ambiciosas sin un respaldo técnico suficiente. Las consecuencias: incertidumbre en los mercados, déficit fiscal en aumento y una competitividad en retroceso. A esto se suma una política exterior marcada por tensiones diplomáticas —como las registradas con el Perú— que han desviado la atención de los problemas internos, utilizando el nacionalismo como herramienta de cohesión política.

El caso venezolano es el más drástico: un régimen que ha capturado la totalidad del aparato estatal, eliminado contrapesos democráticos y sumido al país en una crisis humanitaria devastadora. Es el recordatorio más contundente de que el autoritarismo, una vez enquistado, destruye no solo la economía, sino también la esperanza de recuperación.

El Perú, aún con una economía social de mercado relativamente estable, enfrenta retos fiscales, sociales e institucionales que requieren reformas serias. El atractivo de un modelo populista puede crecer en medio del descontento, pero la experiencia regional demuestra que el costo es alto y duradero. Mantener la apertura económica, incentivar la inversión y reforzar las instituciones democráticas son pasos esenciales para evitar un desenlace similar.

La elección presidencial que se avecina no será simplemente un trámite electoral, sino una decisión sobre el modelo de país que queremos. La verdadera justicia social se construye sobre cimientos sólidos: instituciones confiables, educación de calidad y oportunidades que generen progreso real, no sobre subsidios insostenibles ni retóricas incendiarias.

En un contexto donde las promesas pueden ser tan atractivas como peligrosas, la responsabilidad ciudadana es clave. Votar con información y visión de futuro es la única forma de evitar que las crisis que hoy azotan a nuestros vecinos se conviertan en la historia del Perú mañana.

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