Punto de Encuentro

Feliz cumpleaños, Michel Foucault

Michel Foucault cumple cien años. Nació en Poitiers, el 15 de octubre de 1926. Para mí, como foucaultiano militante, mi relación con Foucault es la de un politólogo de sesgos filosóficos y culturales que encuentra en otro pensamiento la posibilidad de interrogar y transformar el suyo. Su obra me acompaña en la convicción de que la ciencia política debe traspasar categorías heredadas y agendas de investigación normales, para asumir el desafío de configurar nuevos objetos, producir conceptos originales y comprender aquello que aún no ha sido suficientemente pensado. Foucault implica una toma de posición intelectual, que consiste en la reivindicación de una ciencia política iberoamericana autónoma en sus fundamentos, rigurosa en sus procedimientos, reflexiva sobre sus condiciones de producción y creadora en su producción conceptual. En estos últimos años, he escrito un centenar de artículos de opinión en clave foucaultiana, que constituyen una saga de problematizaciones y reflexiones sobre nuestro tiempo, a la vez que una experiencia de transformación de mi propia relación con el conocimiento. En ese diálogo prolongado con Foucault, he procurado comprender las configuraciones de la política, de la cultura, de la vida, e interrogar las condiciones epistemológicas desde las cuales la ciencia política construye sus objetos, elabora sus conceptos y establece sus posibilidades de conocimiento. Pero, hay una dimensión más íntima en este recorrido, que tiene que ver con la experiencia de transformación de mi propia relación con el conocimiento. Pensar durante tanto tiempo en diálogo con Foucault me hace comprender que mi relación con el conocimiento no es exterior a mí, que todo ejercicio intelectual implica una determinada relación conmigo mismo y que la escritura puede constituir una forma de elaboración de mi propia subjetividad. Es decir que, mi centenar de artículos foucaultianos representan una parte de aquello en lo que me he ido convirtiendo mientras he pensado la cultura, la política y la ciencia política.

Por ello, la coincidencia entre el centenario del nacimiento de Foucault y la culminación de esta saga de artículos adquiere el significado de una convergencia entre dos temporalidades. Por un lado, la historia de un pensamiento que continúa interrogando nuestro presente, y por otro, la biografía intelectual de quien ha encontrado en dicho pensamiento una posibilidad de creatividad. Así, puedo decir que cierro un ciclo de escritura, pero continúa mi experiencia de pensamiento foucaultiano. Una de las lecciones más fecundas de Foucault es que mi identidad intelectual se construye permanentemente, y que debo dejar abierta la posibilidad de ser yo mismo distinto y de que sean distintos mis objetos. La verdadera fidelidad a Foucault consiste en prolongar la inquietud que hizo posibles sus preguntas, y no en perpetuar sus respuestas. Se trata de asumir un trabajo intelectual que es crítico de nosotros mismos, al punto de ser una posibilidad de transformación de nuestra propia forma de ser, pensar y actuar. Es decir, pensar con Foucault alcanza su sentido más profundo cuando adquirimos la libertad de pensar más allá de Foucault. Por último, ¿cómo habría celebrado Foucault su onomástico número cien? Te imagino, Michel, en la École Normale Supérieure, en el Collège de France, interrogando las condiciones históricas de nuestra constitución como sujetos. Quizá habrías convertido tu propia conmemoración en objeto de una genealogía, para enseñarnos, una vez más, que pensar es no reconocernos en verdades heredadas, es interrogarnos sobre las condiciones históricas de nuestra propia constitución como sujetos, y, en mi caso, es abrirme a la posibilidad de ser politólogo e intelectual de otro modo. Feliz cumpleaños, Michel Foucault.

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