Punto de Encuentro

Escandalos éticos

Una de las peores consecuencias del capitalismo salvaje que vive el Perú es la disparidad económica entre los más ricos y los más pobres. La brecha que existe hoy es de las más grandes que han existido en toda la historia. El 8% más rico es propietario del 47% del patrimonio nacional privado. El 45% más pobre tiene, apenas, el 5%. A esta barbaridad social, que genera rabia y bronca, se le conoce como “escándalos éticos”. Porque apuñalan cualquier idea que de la ética se conozca. 

La desnutricion es, probablemente, el mayor escándalo ético. El Perú es un país bendecido por la divinidad con una enorme riqueza agrícola y pesquera, es infinitamente rico en alimentos. Tenemos tanto que podemos exportar a países inmensos como China. Nos hacemos llamar la despensa del mundo, pero hemos dispensado de alimentos a los más pobres. Cientos de miles de peruanos tienen hambre. Hambre es medir en el estómago el volumen de la cantidad de nada que cabe en el vacío. Y el hambre mata, el hambre no perdona. 

Tenemos todos los frutos, verduras, frutas, etc. Y los tenemos en cantidades gigantescas. Pero los más pobres no tienen acceso a ellos. Aquí conviven la obesidad y la lujuria en el consumo de alimentos junto a sectores que no tienen qué comer. 

La falta de agua o la imposibilidad del acceso a ella es otro escándalo ético. La desigualdad es infinita cuando un porcentaje pequeño puede abrir el caño y dejar que el esta corra sin limite. Es agua limpia, agua tratada. Se puede beber. Al otro lado de esta fractura social, que duele tanto, los pobres tienen que sacarla de pozos o comprarla en bidones. Agua contaminada que a miles de niños los hacen ocupar camas de hospitales debido a las diarreas. Si esto no afecta el más básico concepto ético, queda claro que somos una sociedad fracasada.

 

Sin agua, el piso no está parejo. No todos somos iguales. Es ofensivo creer que existe democracia cuando hay tanta gente sin acceso a esta necesidad primaria. 

La falta de instalaciones sanitarias es también un enorme escándalo ético. Cientos de miles de personas expulsan sus excretas en silos o en un agujero en el arenal o en el cerro altoandino. Eso golpea el alma y acuchilla el corazón. Hoy, en el mundo, hay sistemas simples, baratos, accesibles para que cualquier país decente le dé a su población sistemas sanitarios que salvarán vidas. Los niños, y también los adultos, se llenan de enfermedades por falta de estos. Duele cuando en un mismo país se construyen casas con varios baños y con lujos derrochadores para satisfacer todos los caprichos, mientras aquí nomás, a nuestro lado, jamás han jalado una cadena que se lleve al desagüe nuestras excretas. 

Hay muchos más escándalos éticos. Entre ellos la mortalidad materno-infantil. Me ocuparé de ello en un próximo artículo. 

Esto tiene que cambiar, pues el hombre nació para la libertad, no para la esclavitud, ni económica ni de ningún tipo. 

Estas disparidades que he descrito no son exclusivas del Perú. Aunque Latinoamérica es la región más desigual del mundo y, entre los países de este continente, el nuestro es líder. Qué orgullo ¿no? Vamos ganando. Da vergüenza. 

A estas disparidades la Iglesia las llama “desigualdades hirientes”. Las Naciones Unidas, “desigualdades groseras”, y Barack Obama, “codicia desenfrenada”. 

Creo que Ollanta Humala las llamaría “desigualdades que no me importan”. Al menos su forma insensible de gobierno indica una respuesta así.

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