Tal parece que la pesadilla del presidente Ollanta Humala y su inseparable Nadine está a punto de cumplirse. Claro, siempre y cuando creamos que la reciente captura de Martín Belaunde no sea parte de ningún arreglo bajo la mesa entre Perú y Bolivia, luego de la lluvia de críticas que Humala recibió tras la extraña, confusa, inexplicable y hasta cinematográfica fuga de su ex jefe de campaña electoral.
Mientras muchos veíamos, el pasado domingo a través de los noticieros tal vez sin mayor asombro la cantidad de asesinatos, asaltos, extorsiones y crímenes similares que se cuentan a diario en nuestro país gracias a la incapacidad de este gobierno, algo muy extraño ocurría en ese momento en Bolivia.
Martín Belaunde, había desaparecido, no sabían ni sus familiares dónde se encontraba. Se había ido a dormir y al amanecer, el ex hombre fuerte del nacionalismo se había esfumado. Su abogado Jorge Valda, deslizaba la hipótesis de un posible secuestro. “No sabemos qué ha pasado con él. Su familia está muy preocupada. Dicen que se fue a dormir como siempre y como él no se acercó a tomar sus pastillas para la presión, se preocuparon y cuando fueron a buscarlo no lo encontraron”. En fin, nadie tenía ni más la mínima idea del paradero de Belaúnde. Luego de escuchar la versión de dicho abogado y de la sobrina de Martin, exclamé exaltada, ¡miércoles, Belaunde ha sido abducido!
Evidentemente la historia del secuestro no se lo creía nadie. ¿Secuestro a pocos días de ser extraditado? ¿Qué conveniente, no? En las redes se percibía el asco, la indignación, la furia contenida, esa que se siente cuando sabes que te están tomando el pelo, esa sensación que se presenta cuando estás convencido que te están engañando descaradamente. Eso se hacía presente con la historia mal contada del secuestro. Juan Ramón de la Quintana, ministro de la presidencia de Bolivia se encargó de pintarnos otro cuento. Martín Belaunde no había sido abducido ni se había convertido en el hombre invisible, éste habría fugado en complicidad con los cuatro custodios que lo protegían. O sea, Martín había logrado sobornar a quienes lo cuidaban. Para mí, imposible de creer. ¿Qué policía mancharía su hoja de vida, su apellido y el de su familia para dejar en libertad al hombre más buscado por el país vecino?
Si eso nos parecía difícil de creer, peor aún lo era la propia versión de Belaunde. “Me han secuestrado, no me he escapado. Desperté y tenía a dos hombres encima con unos trapos con algún somnífero. Luego desperté en un auto y me sentí amenazado y me lancé del vehículo. Estoy mal, tengo el cuerpo con heridas y el codo roto”. La versión peruana de Rambo había nacido en ese preciso momento. Martín Belaunde, sin ninguna instrucción militar o policial había logrado escapar de dos sicarios. ¡Vaya tipo! y que sicarios tan raros, ¿no? Con la columna adolorida y con el codo roto y el cuerpo herido, él, había escapado logrando perderse por calles de Bolivia y poniéndose a buen recaudo. ¿A dónde había ido, si supuestamente no conocía a nadie ahí, quién lo llevó al hospital si supuestamente estaba con pijama y sin dinero? Obvio que este cuento estaba peor que los anteriores. En medio de todas sus elucubraciones producto seguro de un libreto mal armado, Martín, lanzó otra vez la amenaza “no me iré a la cárcel gratis. Le pido al presidente Ollanta que acabe con esta persecución absurda. El gobierno ha contratado sicarios para matarme”. Muchos miramos con resignación y profundo asco lo ocurrido con el ahora negado por la pareja presidencial. Total, ya se había fugado y era poco probable que lo viéramos regresar en este gobierno a rendir cuentas a la justicia. En Bolivia (que parece contar con ministros más decentes que los nuestros) se hacía pública la renuncia al cargo del Jefe de la Policía y el encargado del despacho de Interior. Aquí nadie ni por asomo entregaba su puesto ni asumía ni media responsabilidad por lo ocurrido, al contrario, adjudicaban el escape a la negligencia boliviana. Cinco días después cae el hombre más buscado por todos los peruanos pero el menos buscado por este gobierno. De inmediato nomás, Pedro Cateriano, presidente del Consejo de Ministros, en conferencia de prensa intentaba comerse los jamones que otros habían cortado. “La captura de Martin Belaunde desmiente a todos aquellos que en reiteradas oportunidades expresaron la existencia de un contubernio entre ambos presidentes para proteger al prófugo de la justicia”. Sacaba pecho como si Belaunde hubiese sido capturado por policías peruanos y no bolivianos.
¿Qué temen? ¿Cuáles son los nexos entre él y la pareja presidencial? ¿Por qué en el 2008 la empresa Soluciones Capilares de propiedad de Martín Belaunde pagó a Nadine Heredia 30 mil dólares por una supuesta consultoría? ¿Por qué Arturo Belaunde Lossio desembolso a Nadine 50 mil dólares por un estudio sobre palma aceitera cuando no poseía conocimiento alguno sobre el tema?
Es hora que hable usted “compatriota” Martín. Diga usted mismo por qué lo buscan tanto. Por qué ahora lo niegan y llaman delincuente cuando en el pasado hasta cerveza han compartido. Diga usted “compatriota”, ahora ninguneado por lo que queda del nacionalismo, cómo luego de ser amigo de la pareja presidencial logró millonarios negocios con el Estado. Diga usted, expectorado “compatriota”, qué se hacía en la famosa Centralita. Confiese también, por qué dice ahora que aquellos a los que acompañó y asesoró para llegar al gobierno hoy lo quieren matar.