El pasado viernes en Richmond, Virginia, se promulgó la Ley que establece que la edad legal para contraer matrimonio es 18 años. Aunque como en el Perú, tiene una excepción a la regla. La cual permite que los adolescentes de 16 y 17 años puedan contraer matrimonio con una pequeña diferencia en nuestra normativa, que es el requerimiento de una orden o declaración judicial por el juez competente que señale su emancipación. Dejando fuera de la esfera legal, la posibilidad de considerar el matrimonio con adolescentes de 13 años embarazadas o no, o con solo el consentimiento de sus padres.
Esta iniciativa celebrada no sólo por los ciudadanos del estado, sino por distintos organismos internacionales envueltos en esta difícil lucha contra el matrimonio a temprana edad (prematuro). No solo contribuye con el desarrollo de la personalidad de estas niñas que se ven afectadas por este cambio radical en sus vidas, sino también contra la lucha de trata de personas, de las violaciones sexuales y las brechas que no permiten el empoderamiento de los niños, niñas y adolescentes de los sectores socioeconómicos bajos.
Asimismo, estas medidas de protección permiten que los agresores sexuales no queden impunes ante la ley y sean procesados por el delito cometido. Y no exista la vía legal de evadir su responsabilidad penal a través del matrimonio. Siendo la frase perfecta para estos casos “Now they’re married, and there’s no crime”.
El 90% de los matrimonios a temprana edad o prematuros, son niñas o adolescentes esposadas por un hombre mayor de 21 años o en su mayoría este puede doblarle la edad. Lo cual tiene como consecuencia vulnerar de manera directa la dignidad, integridad física y psíquica de las niñas y adolescentes. Produciendo un estancamiento a su desarrollo personal, social y emocional y al desarrollo de sus capacidades de aprendizaje.
Estos matrimonios a temprana edad, son vistos por los adultos como una estrategia económica o una forma de liberarse de su responsabilidad con la finalidad de ya no hacerse cargo de sus hijas o hijos. Estas prácticas culturales y legales, en su mayoría terminan en divorcio o en la muerte de la esposa, tal como es el caso de la niña yemení de 8 años casada con un hombre de 40 años de edad, que encontró como salvación a la muerte en su noche de bodas, producto de una hemorragia y un desgarro.
Es por ello, que la importancia de medidas legislativas y de protección, fortalecen los ejercicios y derechos de los niños, niñas y adolescentes. Vemos que cada día son más actores que se suman a esta lucha, pero es importante estudiar las evidencias con el objetivo de comprender mejor los factores, causas y consecuencias de este fenómeno social.