Al iniciar el 2017 las elites políticas entraron en cuestión luego de las repercusiones judiciales en nuestro país del caso Lava Jato brasileño, varios funcionarios de tres gobiernos democráticos aparecen implicados en sobornos por favorecer en licitaciones públicas a por lo menos una empresa constructora brasileña. El caso no solo afecta a la cuestionada elite política, vale decir a los dirigentes y militantes de los partidos políticos democráticos que gobernaron al Perú en los últimos quince años, sino también a las elites empresariales, tecnocrática y mediática
Por el lado empresarial resulta poco serio creer que los directivos de la empresa Graña y Montero no conocieran de la estrategia corruptora de su principal socia, la constructora brasileña Odebrecht. Tampoco se libra del escrutinio público el gran consorcio mediático “El Comercio”, por los vínculos familiares con los directivos de la constructora peruana GyM; grupo mediático de enorme influencia a través de los canales de televisión: Cuatro, Canal N y los periódicos: Perú 21, el Trome, Gestión y Correo, pero que no tuvo ánimo fiscalizador frente a los proyectos de infraestructura del consorcio constructor peruano brasileño. Mención aparte merece la tecnocracia gubernamental, profesionales de alto nivel que se mantiene en puestos de importancia en el aparato público desde hace tres lustros, particularmente en Proinversión, tampoco resulta verosímil creer que los principales funcionarios de dicha agencia estatal no estuvieran al tanto de los malos manejos de la constructora brasileña
A poco tiempo de conocidos los casos de corrupción, aparecieron en Perú los efectos del llamado “Niño costero”, los mismos superan la cifra de 85 fallecidos, de más de 118,000 damnificados y 730,000 afectados; sin contar con la afectación de la población de Lima Metropolitana por la carencia de agua durante la segunda quincena de marzo. Aún no se puede cuantificar los daños totales, sin embargo los daños parciales hacen evidente la ausencia de planificación estatal y la carencia de previsión de los gobiernos regionales y locales frente a los riesgos del cambio climático. Situación que se torna paradójica al verificarse que nuestro país vecino Ecuador, realizó las obras de prevención y de mitigación con oportunidad, eficiencia y eficacia
En suma una elite política, empresarial, tecnocrática y mediática proclive a la corrupción, sin capacidad de previsión y con una planificación solo de largo plazo y casi nunca de mediano y corto plazo, sin duda un panorama desolador. Frente a estas circunstancias cabe preguntarse si existe posibilidad y futuro para nuestra patria, Creemos que la respuesta es afirmativa, pero con una nueva generación que lo replanteo todo o casi todo
Así como la generación del Centenario con Mariátegui, Haya de la Torre, Sánchez, Porras Barrenechea, Valcárcel pensaron el Perú sistemáticamente y superaron a la generación del novecientos, urge una nueva generación que replantee el futuro del Perú desde ahora, dicha renovación generacional deberá estar presidida por un alto espíritu republicano, con una gran vocación de servicio, con valores éticos arraigados y con un norte político claro, para nuestro gusto esta orientación deberá ser socialdemócrata, con énfasis en los derechos laborales. Sin duda una enorme tarea pero también una magnífica oportunidad de reconstruir la patria en coincidencia con el bicentenario de nuestra independencia.