Punto de Encuentro

Venezuela no está lejos

La gente joven no tiene claro que Venezuela fue, por varias décadas, la democracia más sólida de Latinoamérica, al contar con decidido bipartidismo que se alternaba en el poder, haciendo predecible para los inversores las políticas y la reglas que les podían afectar, y a los ciudadanos les resultaba evidente las diferencias entre los programas de gobierno ofrecidos por los candidatos de Acción Democrática (socialdemócratas) y del COPEI (socialcristianos) de forma que les era fácil contrastar lo realizado por sus respectivas gestiones. Como todo sistema exitoso, generó su propio germen de destrucción, pues la confianza producida degeneró en autosuficiencia en los líderes políticos, y luego una peligrosa sensación de impunidad ante una administración de justicia excesivamente respetuosa del poder. Así, la corrupción fue aumentando y, con ella, la desvalorización del adversario modificó las formas del quehacer político, convirtiéndose la denuncia y el insulto instrumentos habituales de la confrontación, provocando al final, el divorcio entre la sociedad y sus representantes, abriéndose el espacio para aventureros como Hugo Chávez.

 Vemos con preocupación cómo los órganos del Estado y los propios líderes políticos pierden credibilidad y generan rechazo en los electores, a quienes no les cabe demasiadas dudas sobre la amplitud de la corrupción generada por las empresas constructoras brasileñas, tema que ha socavado gravemente no solo la credibilidad en las agrupaciones políticas sino también en la administración de justicia y en los medios de comunicación, que aparecen, junto al aparato del Estado, sumergidos en trascendidos de coimas, consultorías y dádivas de muy diversas formas. El ciudadano medianamente informado sabe que un sistema corruptor tan generalizado no pudo pasar desapercibido, durante varios gobiernos, para contralores, fiscales y periodistas.

Por ello, las guerras desatadas entre Fuerza Popular y las empresas periodísticas, entre el premier Villanueva y la bancada pepekausa, extremistas de la perspectiva de género y conservadores de fuertes convicciones religiosas, y otros tantos conflictos que monopolizan los titulares y la agenda presidencial, contribuyen al final a agudizar la pérdida de confianza del ciudadano de a pie en la política en general, más aún, cuando intuye que detrás de todo, se oculta un complejo y exitoso intento de ganar impunidad para los actores principales del robo que sufrió el país en manos de las empresas constructoras brasileñas. Al estallido inicial respondieron con la novela de las delaciones, luego llenaron los espacios informativos con inocuos trascendidos por aportes de campaña, confiando en que nos olvidaríamos que la verdadera corrupción ocurrió en la forma en que se otorgaron los contratos y luego, en la multiplicación de los costos iniciales, sin dejar de lado la inutilidad de muchos proyectos como la famosa carretera transoceánica, advertida por los estudios técnicos iniciales.

¿Podrá el Poder Judicial aplicar los merecidos castigos a quienes se enriquecieron con el dinero de todos los peruanos? ¿O ganarán los estrategas de la impunidad, que han logrado modificar, por ejemplo, las reglas para la validez de audios, agendas y colaboraciones eficaces? ¿Nos espera una tragedia como la venezolana?