Punto de Encuentro

Los partidos políticos y la falta de diálogo

Periódicamente las encuestas nos reiteran que los partidos políticos se encuentran entre las instituciones con mayor nivel de desaprobación ciudadana, sin embargo y paradójicamente, ninguna sociedad democrática puede prescindir de éstos.

El descrédito partidista no es gratuito y se alimenta de varios y diversos factores tales como la falta de renovación de cuadros directivos, la ausencia de verdaderos procesos de democracia interna, la evidente compra y venta de candidaturas durante los procesos electorales, la profunda ausencia ideológica, la conformación de alianzas electorales poco ortodoxas, el transfuguismo, etc., sin embargo, pocos incluyen dentro de este grupo de deméritos su falta de diálogo con la sociedad.

Normalmente los partidos solo se comunican con la ciudadanía durante los procesos electores, y al hacerlo emplean un formato diferente al diálogo, me refiero al monólogo, por ser este el lenguaje que se usa durante las campañas electorales y a través del cual los partidos y candidatos formulan sus ofrecimientos y promesas al elector tratando de atraerlo y conseguir su voto.

Pero concluido el proceso vuelve el silencio. No existe comunicación permanente entre los partidos y ciudadanos, no existe intercambio de ideas, necesidades ni experiencias, los partidos no se preocupan de recoger el sentir ciudadano y mucho menos de conducirlo, tampoco abren canales que faciliten la comunicación, lo cual resulta cuando menos poco congruente si tomamos en cuenta las grandes posibilidades que nos proporcionan hoy en día las tecnologías de información existentes.

¿Cuántos partidos políticos cuentan con una página de web que permita a sus afiliados opinar sobre temas de coyuntura o expresar sus necesidades?, ¿Cuántos partidos tienen activas sus redes sociales?, ¿Cuántos partidos llevan a cabo video conferencias periódicas?, ¿Cuántos partidos se pronuncian permanentemente sobre los temas de actualidad?

Acabamos de vivir recientemente una muestra palpable de lo dicho. El referéndum sobre la reforma constitucional planteada por el Ejecutivo, pudo constituirse en una oportunidad magnífica para que los partidos políticos con inscripción vigente hubiesen expuesto ante la ciudadanía su posición frente a cada una de las cuatro consultas que se formularon,  con lo cual de paso suplirían cuando menos parcialmente la ausencia ideológica antes referida; sin embargo, solo uno de los veintitrés partidos inscritos solicitó formalmente al ente electoral participar en la consulta popular para poder pronunciarse en favor o no de alguna de las opciones en consulta, los demás mantuvieron su característico y preocupante silencio.

Nuestros partidos navegan permanentemente contra la corriente. Necesitamos de partidos que se comporten como organizaciones vivas y no como entes hibernantes que despiertan de su letargo únicamente durante los períodos electorales, necesitamos de partidos políticos que tengan la capacidad de marcar los temas en la agenda del debate público en los medios de comunicación y que no sean éstos quienes lo hagan.

No existe fórmula legal para obligar a alguien a comportarse en un sentido que la legislación no demanda, por tanto, sólo nos queda esperar que una nueva clase política tome la posta de las dirigencias partidistas y modifique la enraizada costumbre de mantener un silencio cuasi permanente sobre los temas de importancia. Todos lo agradeceremos.

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