Punto de Encuentro

LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS O EL MITO DEL PARTIDO GANADOR

Subyace en nuestra sociedad el deseo aspiracional de contar con un sistema de partidos consolidado y consecuentemente con partidos sólidos. Sobre la base de ello, no faltan voces que afirman que el logro electoral representa el punto culminante de un partido político, agregándose que de allí en más, el reto lo constituiría buscar el fortalecimiento de la organización política.

Sostengo que en el Perú pasa exactamente lo contrario. Empecemos desmitificando aquella afirmación que intenta articular al partido ganador de una elección como una institución consolidada. En nuestro país ganar una elección constituye un fin que se agota en sí mismo ya que no genera consecuencias con vistas al fortalecimiento institucional de una organización política.

Un partido que gana una elección en el Perú debe ser considerado como una organización electoralmente exitosa, una maquinaria electoral que contando con financiamiento suficiente y un candidato aparente, se comporta (electoralmente hablando) de una manera correcta de modo tal que el electorado lo premió con su voto, pero ello no implica que nos encontremos necesariamente ante una institución estructurada.

Debemos tener presente que un partido que gana una elección cuenta con las condiciones necesarias para generar su propio crecimiento político, organizacional y social, en otras palabras, cuenta con una vía expedita hacia su consolidación institucional; sin embargo, revisando el comportamiento partidario post electoral de algunos partidos, pareciera que éxito electoral y fragilidad partidaria, entendida como antónimo de fortaleza partidaria, caminan de la mano. Quienes alcanzaron el éxito electoral en nuestra historia reciente como Perú Posible (2001) y el Partido Nacionalista Peruano (2006) hoy día son prácticamente recuerdos y Peruanos por el Kambio (2016) pareciera transitar por la misma senda.

Nótese que se trata de tres organizaciones partidistas que actuaron eficientemente durante la campaña electoral que los encumbró en el poder, pero el análisis de su comportamiento post electoral nos revela que fueron organizaciones edificadas sobre estructuras precarias y temporales, cuando no inexistentes y que se trató de partidos constituidos con el propósito de participar en el primer proceso que se llevaría a cabo luego de su inscripción. No tenían objetivos más allá de eso.

Perú Posible gobernó entre los años 2001 y 2006, sin embargo, poco más de una década después, perdió su inscripción al no superar el umbral electoral en las elecciones generales del año 2016 donde pobremente alcanzó poco más del uno por ciento (1%) del total de votos emitidos. Su líder y fundador se encuentra prófugo de la justicia.

El Partido Nacionalista Peruano llevó al ahora procesado ex presidente Ollanta Humala a la presidencia en el año 2011 y exhibe ahora una fantasmal presencia en la escena política reflejada en su ausencia en las elecciones generales del año 2016 y las elecciones sub nacionales del año 2018. Conserva su inscripción gracias a una controversial norma aprobada en vísperas de la elección del año 2016.

En el caso de Peruanos por el Kambio, cuya historia como partido recién registra sus primeras páginas, pareciera desarrollar una línea argumental similar, donde su escasa participación en las elecciones subnacionales del mes de octubre pasado sumado al escaso caudal de votos obtenido en las circunscripciones donde participó y la desaparición política de su líder y fundador no permiten vaticinar buenos augurios.

Adviértase que los casos mencionados se trató de organizaciones políticas electoralmente exitosas, sin embargo, convengamos que la nomenclatura de partido político quizás les quedó grande, pues se comportaron como entes caudillistas, incapaces de generar estructuras de base que los apoyasen una vez concluido el proceso electoral, es decir, funcionaron como simples maquinarias electorales.

No siempre existe en política una segunda oportunidad, por lo que respecto a los tres partidos mencionados no queda más que lamentar la gran opción que en su momento desperdiciaron y el negativo que ello generó en nuestro precario sistema de partidos.