Punto de Encuentro

Los sueños, sueños son.

Era un brillante planificador. Tan premeditada y bosquejada tenía su muerte, que escogió una semana vital para opacar toda festividad religiosa. Su revólver, fue el socio personalísimo y oculto que, con paciencia freudiana, esperaba el momento preciso para ser gatillado en acto estratégico y trascendental para prevalecer legendario en la contemporaneidad. Ese mismo compañero, Colt, fue co-participe y aliado, para abrirse paso contra un grupo de militares, que intentó apresarlo en 1992. Sus últimas declaraciones presagiaban un tufillo mortal. Su carta póstuma confirma su voluntad inquebrantable de abrazar la muerte. Sus alumnos, antes del allanamiento, escucharon de sus labios una exposición casi fúnebre sobre Augusto B. Leguía, y la planificación obituaria con una didáctica sombría, muy aproximada a despedida eterna. Su entorno, conocía con exactitud sociológica que un suceso así, no sorprendería a los más íntimos.

Alan García: Extraordinario orador, de verbo flamígero, especialista en el discurso, la retórica, la arenga, la disertación. Experto en encandilar masas, prolífico en ademanes, y cadencias de voz; Diestro en señas, gestos, lenguaje corporal y posturas histriónicas; Inteligencia brillante, y carisma inigualable. Envidiado y odiado por muchos ante ese rosario de atributos. Tenía evidentemente una herida profunda en el corazón. Lúcar, en añeja entrevista comentó que él, se traumó profundamente de niño al ver a su padre en prisión. El refugio colombiano, el asilo frustrado en Uruguay y el balazo en la sien confirman el terror psicológico a pernoctar en celda permanente como reo estigmatizado por la sociedad.

Algunos líderes históricamente, debido a la facilidad de alcanzar el poder y ser el centro de atención perpetua de sus respectivas sociedades, se convencen que son predestinados y que su imagen debe ser aposento de la historia. Esta autopercepción podría generar el paradigma de poseer atributos de inspiración celestial. Está claro, que el poder político, los entornos ayayeriles, las ovaciones populares, y los halagos excesivos, contribuyen a que el endiosamiento sea inexorable hasta fronteras inimaginables. Por ello, la apología y el ensalzamiento al líder es muy peligroso, pero acrecienta sostenidamente el mito.

Pero cuando la humana realidad los confronta, los carea, los coteja, los examina, los discierne, los allana, los presiona y hace radiografía intima de sus imperfecciones y defectos, los hace descender bruscamente del panteón del Olimpo social al charco de la mortalidad histórica y les genera grave pesadilla, convirtiéndose en potenciales candidatos a muerte abrupta. Solo el martirologio los encumbra a la grandeza, a la supervivencia eterna y los muta en leyenda para trascender a la posteridad. La religión aprista llena de mártires, sacralizó este suceso y lo pontificará.

Borges, decía que la muerte tiene un sabor especial. Alan tuvo el escondido sueño de la tercera presidencia y superar republicanamente a Belaunde. Pero la vida, es un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, y los sueños, sueños son…

ALBERTO BAJAK