Punto de Encuentro

Arrancó la chilenización de la protesta

¡Estaba visto! Jamás la muerte tan anunciada. Los agitadores que responden al foro de Sao Pablo, al grupo de Puebla, al radicalismo chileno y a toda la fauna extremista internacional, consiguieron ensangrentar las calles limeñas y sembrar el terror. Están muy satisfechos por el objetivo cumplido. Ahora tendrán mejores argumentos para incendiar los ánimos y, en simultáneo, arrinconar a las indolentes y frágiles autoridades, aún más.

¡Qué el legitimo dolor por la pérdida de vidas, no obnubile la conciencia!. ¡Qué menos obstruya el reflexionar libre!. Se impone una explicación sin medias tintas. Nada fue casual. Las movilizaciones respondieron al aliento descarado de un lobby mediático, angustiado por el fin de las prebendas vizcarristas. Hubo muy poca espontaneidad. Tampoco pueblo. Y sí muchos jóvenes incapaces de explicar por qué marchaban. La indignación abstracta, sin norte y contra todo, celebrada como “la nueva política”, se manipula fácilmente. Nunca fortalecerá la democracia.

Por otro lado, la autoridad sin mando no sólo falla. Fomenta el caos infinito. Si desprotege a la sociedad y a sus integrantes destruye los fundamentos del orden republicano. Y afecta la salud pública, pues consiente el asalto tóxico de las bandas antidemocráticas. De haberse actuado con firmeza no habría muertos que lamentar. Bastaban los decretos de Vizcarra suspendiendo las manifestaciones fuentes del contagio Covid-19. Igual que se prohibió la procesión del Señor de los Milagros, ir a la playa, acudir a los estadios, iglesias, reuniones familiares, fiestas, etc. La presencia militar-policial hubiera disuadido a las mayorías quitando espacio de maniobra a los grupúsculos violentos. 

Este plan subversivo funciona por la suma de complicidades. Ya vimos el rol de la televisión asalariada y la lenidad ministerial. Pero nada más patético que la traición congresal al nuevo Gobierno. Los 105 votos por la vacancia de Vizcarra investían, al mismo tiempo, a Manuel Merino como Presidente de la República. ¡Así de fácil: sin vacancia no había investidura!. ¿Para qué dar el primer paso si flaquearían ante las consecuencias?. ¡Qué vergüenza! Apenas 72 horas y comenzaron las deserciones en serie. Los partidos que se vanagloriaban por la vacancia quitaron cuerpo cobardemente. Como Carbajal, antes de morir, cantaba: “Ay, mis cabellicos maire, uno a uno se los lleva el aire”.

Así las cosas, cobra verosimilitud la hipótesis de una vacancia conversada. Por eso, el ex-presidente habría estado tan campante y no presentó recurso legal alguno, desoyendo a sus consejeros. Reparen que ha salido como víctima y se apresta a postular a una curul parlamentaria, para tener inmunidad. No olvidemos que este Congreso, excepciones aparte, fue engendrado por Vizcarra para sus fines anti-constitucionales. Por lo que la hecatombe política que se avecina, puede realizar de maravillas el objetivo sedicioso de quebrantar la República.

Lima, 15 de noviembre del 2020