Fernando Rodríguez Patrón
Antes del 2019, los partidos políticos elegían a sus candidatos a través procesos poco transparentes y muy cuestionados llamados elecciones internas. Bajo estos procesos que nadie supervisaba y que adolecían de un marco normativo que los regule, los partidos determinaban quienes serían sus candidatos e incluso el puesto tendrían en las listas, sin duda el gato estaba de despensero.
Con el fin de corregir esta deficiencia, la reforma normativa del año 2019 a través de la Ley 30998, introdujo en nuestra legislación la obligación que los partidos lleven a cabo elecciones primarias bajo la modalidad PASO, (acrónimo de elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), las cuales eran mucho más amplias que las internas, pues involucraban a todos los ciudadanos, estén o no afiliados a algún partido y se llevarían a cabo con la participación de los organismos electorales.
Las PASO demandaban que de manera simultánea, todos los partidos políticos a través del voto universal, libre, obligatorio, igual, directo y secreto de todos los ciudadanos, afiliados o no a algún partido, determinarían a sus candidatos; pero ello no quedaba allí, pues para continuar con su participación en el proceso electoral, un partido político debía obtener al menos el 1,5% de los votos válidamente emitidos en estas primarias, porcentaje que se incrementaría en caso se tratase de una alianza electoral en 0,5% por cada organización política adicional, es decir, sería del 2% si la alianza la integrasen 2 partidos, 2.5% si fuesen 3 y así sucesivamente.
Si quisiéramos graficar las primarias con un ejemplo, éstas serían las eliminatorias que permitirían a los partidos acceder a las Elecciones Generales que serían el mundial, en el cual solo participarían quienes clasifiquen consiguiendo al menos el 1.5% de los votos emitidos en esas primarias.
Nótese las bondades que al menos en la teoría las PASO exhibían. De un lado, rompían la dedocracia de la cúpula partidista en la repartición de candidaturas, pues serían los ciudadanos quienes las determinarían; de otro lado, obligaba a los partidos a seducir a los electores para que voten en su proceso electoral, motivando así una actitud partidaria activa, además, eran un filtro natural que permitía sacar de la carrera electoral a aquellos partidos que no fuesen capaces de obtener un mínimo de votos, con ello, incluso resultaría irrelevante tener 40 o más partidos inscritos si luego de las PASO éstos se reducirían a 5 o 10 y, finalmente, evitaría las alianzas originadas en la necesidad de salvar la inscripción registral de algún partido y no fundadas en la afinidad ideológica o programática (Ver artículo las Alianzas electorales: Hasta que la muerte los separe (https://puntodeencuentro.pe/columna.html?id=6677).
Sin embargo, aduciéndose diversas razones, desde las sanitarias hasta las presupuestales, pasando por el poco tiempo para organizarlas, las PASO nunca tuvieron eficacia, pues no se aplicaron en las Elecciones Generales del año 2021 ni en las Regionales y Municipales del año 2022, hasta llegar al punto que a través de la Ley 31981, hemos retrocedido al precario estado en que nos encontrábamos en el año 2019 y, salvo caso excepcional, una vez más no se aplicarán para las elecciones del año 2026, pues prácticamente han quedado descartadas, conservando únicamente el nombre de primarias aunque en realidad ya no lo sean.
Debe tenerse presente que bajo un sistema sin elecciones PASO, nuestra legislación permitía que los partidos elijan como llevar a cabo sus procesos de democracia interna bajo alguno de los siguientes mecanismos: i) Con la votación de los afiliados y no afiliados del partido, ii) Únicamente con los votos de los afiliados del partido y iii) Mediante delegados, siendo esta la modalidad elegida por todos los partidos.
Pero, ¿Por qué se eliminaron las PASO?, en términos sencillos porque si un partido optase por alguna de las dos primeras modalidades previamente señaladas, para que su elección primara fuese válida tendrían que acudir a votar cuando menos el 10% de sus afiliados, es decir, si un partido cuenta con 300,000 afiliados, al menos 30,000 de éstos debían votar en las primarias, lo que en mi opinión muy pocos (o ninguno) lo lograrían; sin embargo, si optasen por la modalidad de elección a través de delegados, ello implicará que el propio partido organice su elección de delegados sin la participación de los organismos electorales (si así lo desean) es decir, no las supervisará nadie; luego, estos delegados cuyo número los fija el propio partido, el próximo 16 de noviembre según proyecto de cronograma publicado por el JNE, llevarán a cabo la mal llamada elección primaria y elegirán a los candidatos de su partido para las elecciones generales 2026, requiriéndose para su validez que por lo menos el 10% de éstos delegados asistan y voten, es decir, si un partido eligió 30 delegados, bastará que el día de las primarias asistan únicamente 3 y serán éstos quienes elegirán a sus candidatos.
Dicho esto, ya sabemos que pasó con las PASO, los partidos en el Congreso una vez más legislaron en favor a sus propios intereses y de espaldas al fortalecimiento del sistema de partidos. Esperemos que con vistas a próximas elecciones la situación cambie, pues continuamos en el espiral de la contrarreforma que le abre la puerta a la participación política a cualquiera que quiera servirse de esta, siendo nuestras actuales autoridades electas una lamentable evidencia de ello.