Punto de Encuentro

¿La defunción del orden “neoliberal”?

11 Marzo, 2025

Iván Arenas

Por: Iván Arenas 

Las últimas decisiones internas como externas del gobierno de Trump y todo el alboroto que ello ha generado -y lo sigue haciendo- no sería otra cosa que el agotamiento del orden político y económico “neoliberal” que desde aquel Consenso de Washington era el marco desde donde se entendía todo o casi todo.
Trump ha colocado primero los intereses geopolíticos y geoestratégicos de su país y de allí todas las decisiones políticas y económicas, entre ellas las de imponer aranceles no obstante que tiene tratados de libre comercio con algunos de sus vecinos. 

Así, es el regreso del Estado-Nación, de la nación-política y sus intereses que trascienden sus propias fronteras (la hegemonía imperial), “sujeto político” que desde la revolución francesa continúa. Robespierre estaría alegre.

La armonía del “orden espontáneo” que prometía el mito “neoliberal” ha sucumbido en el mismo lugar donde alguna vez se encumbró como promesa y fin de la historia: en Washington.
No hay nada que reclamarle a Trump por sus últimas decisiones porque si algo ha hecho es velar por los intereses estadounidenses antes que por los de Ucrania, de la Unión Europea o de la otrora protegida Taiwán. Por más que todo lo anterior suene a mal, anti ético o anti moral, “first America”
Así, con el poder que le confiere las urnas como su posición geopolítica y económica Trump y el trumpismo ya han logrado que varias de las inversiones estratégicas regresen a su país (el anuncio de inversión de más de US$100 mil millones por la empresa que produce semiconductores es una absoluta sorpresa) y se ha zurrado en la llamada “Agenda 2030” con una revitalización del fracking y del petróleo; “Agenda 2030”, dicho sea, que benefició a países -como China- colocando exigencias ambientales y sobre regulaciones que hacían poco competitivos a los productos estadounidenses como europeos. 
Ahora, no sugiero con la pregunta que titula esta columna que la propiedad privada o las inversiones privadas deban desaparecer ni locuras como esas, sino todo lo contrario; el Estado debe defender y cuidar la propiedad privada, quizá ahora más que nunca. De hecho, la imagen de los grandes magnates de las tecnológicas junto a Trump en la ceremonia de toma de
mando revela que no existe proyecto “big tech” sin una colaboración entre el privado y el Estado, asegurando este último su protección en medida que sean competitivas y con intereses geopolíticos. ¿Creen ustedes que Trump dejaría que vendan Apple o Lockheed Martin a los chinos? 

Para venir a nuestro país, como ejemplo, ex altos funcionarios del propio Estado han condenado la nueva ley agraria olvidando que es el Estado el que tiene una responsabilidad inmediata y suprema por velar celosamente de sus industrias competitivas. Trump acaba de anunciar más aranceles a la agroindustria extranjera y la tarea inmediata del Estado peruano además de promulgar una ley agraria que genere empleo y sea un motor antipobreza es buscar mayores mercados como tratados de libre comercio sean necesarios.

Resulta que podríamos estar ante la caída del orden “neoliberal” y de allí entonces que el “totum revolutum” de estos días no sería sino otra cosa que el regreso del Estado, la geopolítica y la dialéctica de imperios.
¿Dónde queda la “mano invisible” en todo esto? Milei ha tenido que decir que acepta los “aranceles recíprocos” mientras, sin rubor, grita viva la libertad y condena a Ucrania cuando ayer llamó “dictador” a Putin.
Antes de terminar aviso a navegantes. No se trata tampoco del regreso del Estado “estatalista”, de ese estado sovietico que pretende la izquierda marxista entregado ahora en la posmodernidad al globalismo, las identidades y la autodeterminación, auténticos venenos. 
Se trata de un nuevo consenso que tarde o temprano entenderemos, consenso que gira alrededor del regreso de los intereses nacionales, aceptando que la “política real” del presente en marcha es la que es y desde donde debemos movernos. Total, los chinos decían siempre que la práctica (la realidad) es el único criterio de la verdad; decían eso frente al monismo del determinismo materialista sovietico. 
Posdata: utilizo el término “neoliberal” no como despectivo (como lo hace la izquierda) sino como referencia a un estadio diferente al liberalismo del siglo XIX y XX.

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