Seamos sinceros. La información con la que cuenta un elector hoy en día, difiere sustancialmente de la que era capaz de conseguir hasta hace poco más de veinte años.
En efecto, desde el año 2006 los candidatos están obligados a presentar su hoja de vida y lo hacen bajo declaración jurada, asimismo, los partidos políticos deben presentar su plan de gobierno, ello sin perjuicio que las organizaciones políticas desde el 2014 cuentan además con una útil herramienta como es la Ventanilla Única, medio a través del cual pueden filtrar a sus candidatos y descartar a aquellos que no resulten idóneos debido a sus antecedentes.
Los esfuerzos por difundir la información de los actores políticos y organizaciones políticas no quedan allí, diversas instituciones desarrollan sistemas que nos permiten comparar de manera simultánea los planes de gobierno segmentados incluso por ejes temáticos, asimismo, en la página electrónica del Jurado Nacional de Elecciones es factible obtener información personalizada de cada candidato mucho más allá del contenido de su hoja de vida, para ello simplemente hay que acceder al observatorio de gobernabilidad INFOGOB.
Sin embargo, pese a toda esta vorágine informativa, no existe una relación proporcional entre la información puesta a disposición del elector y el interés de éste en la política. Estudios como el Perfil del Elector Peruano, así como las periódicas encuestas que se llevan a cabo, revelan que al 80% de los peruanos no le interesa en absoluto la política, que aproximadamente un 75% de los electores votan de manera irreflexiva sin informarse acerca de los candidatos y sus propuestas, además, se estima que casi el 25% del electorado decide su voto el mismo día de la elección, es decir, lo hacen prácticamente en la cola para votar.
Lo dicho nos debe invitar a reflexionar respecto a las causas del poco razonado voto de los peruanos. Sobre el particular, entendemos que el voto debiera ser razonado, es decir, sustentarse en la coherencia que pudiese existir entre los programas que articula una organización política y el natural interés o incluso necesidad del elector. La ideología partidista o si se quiere, los ejes programáticos sobre los cuales se articule una campaña, deberían ser los medios a través de los cuales se incline la intención del voto ciudadano en favor de algún candidato en desmedro de los demás.
Sin embargo, navegamos a contracorriente, pues en las últimas campañas los candidatos desnudaron sin tapujos su pobreza (intelectual, académica, programática y moral) presentando absurdas propuestas, no solo mal sustentadas sino carentes de toda forma de respecto de su financiamiento, lo que sin duda le da razón a los estudios y encuestas ya referidas.
Ahora que nos encontramos cerca de la fecha de elección de candidatos de los partidos políticos con vistas a las Elecciones 2026, esperemos que los afiliados partidistas y en especial los delegados por éstos elegidos en este proceso que esperemos no sea remedo democrático y que ha sido llamado “elecciones primarias”, tengan el buen tino de elegir con esfuerzo crítico a quienes los representarán electoralmente y no sigamos engrosando los negativos números de las encuestas.