Punto de Encuentro

El hijo de Bin Laden no se casó con la hija de Atta, sino con la del número dos de Al Qaida

Un vídeo de la boda muestra a Hamza con bigote, vestido de blanco y sonriente.

El apellido Bin Laden pesa mucho y si se le une el de Atta, aún más. Esta semana se han cumplido 20 años de los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenia, en los que murieron más de 200 personas y que fueron la tarjeta de presentación al mundo de Al Qaida (AQ). Dos décadas después de esta primera gran acción internacional del grupo creado por Osama Bin Laden, sin embargo, los titulares se los ha llevado la supuesta boda de su hijo, Hamza, con una hija de Mohamed Atta, cerebro de los atentados del 11-S, la operación cumbre de la historia de AQ.

El diario «The Guardian» tuvo acceso directo a la familia de Osama en la ciudad saudí de Yeda y, además de entrevistar a su madre, habló con algunos de sus hermanos, que, después de insistir en que no tenían contacto alguno con Hamza, revelaron que habían «escuchado que se ha casado con la hija de Mohamed Atta». «No estamos seguros de dónde está, pero podría ser Afganistán», indicaron.

La exclusiva del periódico británico recibió la rápida respuesta de Al Arabiya, que calificó la información de «falsa». El canal saudí señaló que, tras llevar a cabo una investigación, lo que sí podía confirmar era que «Hamza se ha casado con la hija del número dos de AQ, Abdula Ahmad Abdula (alias Abu Mohamed Al Masri), mano derecha del líder actual del grupo, Ayman Al Zawahiri».

«No tuvo ninguna hija»

Esta información se basa en los archivos personales del fundador de AQ, que fueron encontrados en la casa de la localidad paquistaní de Abbottabad donde Osama y su familia vivieron hasta 2011. Analistas como Bruce Hoffman, autor de libros como «Inside Terrorism», también corrigieron a «The Guardian», y a través de las redes sociales recordaron que «Mohamed Atta nunca se casó y tampoco tuvo hija alguna. Según la comisión de investigación del 11-S, solo uno de los 19 secuestradores estaba casado».

Entre todos los vídeos encontrados en el ordenador de la casa de Abbottabad, uno de una hora de duración estaba dedicado a la boda de Hamza, en el que se le podía ver por primera vez convertido en adulto. Hasta entonces se tenían imágenes de niño o retratos robot. En las imágenes se aprecia a un Hamza con bigote, sin barba, vestido de blanco y sonriente. Su padre no aparece en ningún momento, pero en la grabación se escucha a un hombre decir que el «padre del novio, el príncipe de los muyahidines», está muy contento con el matrimonio de su hijo y que su felicidad «se extenderá a todos los muyahidines».

Nacido en 1989 en Arabia Saudí, Hamza es hijo de Osama y Khairiah Sabar, su tercera mujer, una profesora saudí de psicología infantil que se ganó el estatus de «favorita» del líder de AQ por su amor a la yihad.

En septiembre de 2017 fue el encargado de dirigir un mensaje de audio en el que, con motivo del aniversario del ataque contra World Trade Center, pidió a sus «hermanos musulmanes desde Indonesia hasta el Magreb que se unan a la yihad con el fin de detener la agresión de los cruzados y los rafida (término despectivo para referirse a los chiíes). Los yihadistas necesitan la ayuda de todos los musulmanes para continuar».

Una señal de que Hamza aspiraba a ocupar el vacío dejado por su padre y que confirmó con otro mensaje posterior en el que llamó a la «rebelión contra Estados Unidos y sus agentes». Hasta el momento, sin embargo, no está claro su papel dentro del organigrama de AQ.

Pulso con Daesh

El final del califato establecido por el grupo yihadista Daesh en Siria e Irak, donde ha sido derrotado desde el punto de vista militar, ofrece la oportunidad a AQ de ganar terreno en ese pulso que ambos grupos han librado en los últimos años para llevarse el título de «amenaza global número uno».

En esta nueva era poscalifato el papel de Hamza puede ser clave, ya que su apellido le garantiza una gran popularidad entre unas filas extremistas donde la figura de Osama sigue siendo mucho más carismática que la del califa Ibrahim, máximo cabecilla de Daesh. Pero el apellido no lo es todo y para expertos como Sergio Altuna, investigador asociado en el Programa sobre Terrorismo Global del Real Instituto Elcano, «su bisoñez en el plano militar o el interrogante que plantean sus dotes de mando podrían acabar debilitando el impacto de sus mensajes (…). Por el momento está lejos de poder sentarse en la mesa de las figuras históricas del movimiento yihadista».

(Fuente www.abc.es)