El Perú: un país multipartidista con un electorado voluble que hace de cada elección un escenario incierto, con gran lugar para vaticinios y poco para certezas. Así, ad portas de nuevas elecciones, resulta interesante hacer un recorrido a las preferencias y a los resultados de las últimas tres elecciones presidenciales, para entender, de esta manera, qué patrones nos dejó su legado.
En el 2001, el escenario clamaba una lucha frontal contra la corrupción y por la recuperación de la democracia. En dicho contexto, tres candidaturas logran, a lo largo de la campaña, acoger el mayor respaldo electoral; a saber, las de Alejandro Toledo, Alan García y Lourdes Flores. Toledo representaba para muchos el liderazgo contra la corrupción y las prácticas dictatoriales del Gobierno fujimorista, encabezando así las preferencias electorales. Sin embargo, Flores Nano y, posteriormente, García fueron creciendo en las encuestas, dibujando un panorama incierto de cuál de ellos pasaría a la segunda vuelta. Finalmente es García quien logra competir con Toledo en nuevos comicios, no obstante, a pesar de reducirse la diferencia porcentual tras el debate presidencial, García no alcanza, con sus votos, revertir el liderazgo anti-fujimorista del vencedor.
En la campaña del 2006, el contexto correspondía más bien a un clima de desencanto frente al crecimiento macroeconómico que no incidía en mejoras sociales. Tres candidaturas contaron con la mayor intención de voto: las de Ollanta Humala, Alan García y Lourdes Flores. Esta última, a pesar de encabezar las preferencias electorales en un inicio, no logra deslindarse de su calificación como la “candidata de los ricos”. Así, quienes finalmente logran su pase a una segunda vuelta son Humala, con un crecimiento considerable, y García, con una diferencia de menos del 1% con respecto a Flores. Ambos tenían grandes resistencias; no obstante, el miedo sobre una tentativa antidemocrática deja a Humala sin el triunfo electoral.
La campaña del 2011 fue de gran volatilidad electoral. Fueron cinco las candidaturas que dibujaron tal incertidumbre. Toledo lideró inicialmente las encuestas, seguido por Luis Castañeda y Keiko Fujimori, mientras que Humala y Pedro Pablo Kuczynski acogían un menor respaldo. Fujimori mantuvo un porcentaje aproximadamente del 20% durante toda la campaña. Y, mientras que Toledo y Castañeda sufrieron una baja, Humala y Kuczynski experimentaron un importante crecimiento. Tras una de las campañas con resultados más inciertos, Fujimori y Humala, ambos con antecedentes antidemocráticos, contendieron en una segunda vuelta. Finalmente es Humala, por un escaso margen del anti-fujimorismo, que logra el sillón presidencial.
Tal parece que hemos solido elegir en nuevas elecciones a los “perdedores” de segundas vueltas de elecciones pasadas. Elegimos a Ollanta Humala (2011), quien perdiese en el 2006 frente a Alan García. Elegimos a Alan García (2006), quien perdiese en el 2001 frente a Alejandro Toledo. Y, elegimos a Toledo (2001), quien perdiese anteriormente frente a Alberto Fujimori. Si bien no es posible vaticinar el triunfo electoral de Keiko Fujimori, por lo menos cabe señalar su sólido respaldo y una intención de voto que ya es mayor a la de las elecciones pasadas, y siendo este un voto duro y poco fluctuante, es hasta el momento la más clara candidatura con miras a una segunda vuelta electoral.
Por lo pronto, podemos esperar un escenario nuevamente incierto y fluctuante, con una candidata con un importante respaldo poco volátil, Keiko Fujimori, dos candidatos con gran potencial en la campaña, García y Kuczynski, y la posibilidad siempre abierta a la aparición de algún “outsider” capaz de poner en vilo al escenario actual.