Todos queremos contar con energía de buena calidad y en el momento en la que la necesitamos, ya sea cuando queremos iluminar una habitación, cocinar, arrancar nuestro vehículo o encender una máquina. Sin importar su procedencia la queremos allí, en la cantidad justa, sin saber cuánto requiere el vecino o cuánto me puede ofrecer el mercado. A medida que mejora nuestra situación económica, incrementan nuestras expectativas e índices de consumo y esto se puede ver desde una vivienda hasta una gran industria. Pero todo marcha bien mientras vemos poca o ninguna diferencia en los precios de la energía a la que accedemos, sin embargo, cuando los precios varían, caemos en la cuenta de que debemos hacer algo en cuanto a nuestro consumo.
Es allí en donde entra a tallar la eficiencia energética, que no es lo mismo que conservación de energía, es más bien tratar de obtener el mismo servicio utilizando menos energía, más no dejando de utilizar dicho servicio. Vale decir, métodos propagandistas como la hora del planeta, no contribuye a la eficiencia energética en lo absoluto, sólo a la conservación de la energía en 1 de las 8760 horas del año.
Así, la eficiencia energética supone más bien un cambio en nuestro sistema de consumo, principalmente en los sectores residencial, industrial y transporte. En el ámbito residencial, requiere que utilicemos artefactos eléctricos de menor consumo energético; focos ahorradores o sistemas LED; buen diseño de las viviendas en cuanto a iluminación, aislamiento térmico y ventilación natural; aprovechamiento de la energía solar para el uso de termas, cocinas solares o incluso generación eléctrica; uso de cocinas mejoradas en zonas rurales; consumo energético fueras de horas punta, entre otras medidas. Asimismo, paulatinamente se debe ir introduciendo nuevos mecanismos como las Smart Grids o redes inteligentes, que le permitirán al usuario eléctrico controlar desde un celular, tablet o cualquier otro dispositivo móvil, el uso de artefactos electrodomésticos cuando se encuentre fuera de casa o cualquier otra función doméstica que suponga ahorros energéticos.
En el sector industrial, tanto de producción como extracción, se requiere la sustitución de maquinaria ineficiente (calderos, motores); adaptación o sustitución de maquinaria a base de Diésel por una a base de gas natural; uso de cogeneración para aprovechar las pérdidas de energía en otros procesos productivos o para la generación de energía eléctrica. En el caso de una minera por ejemplo, su consumo eléctrico podría disminuir entre el 5 o 10% de emplear medidas como variadores de velocidad para bombas, mezcladoras, compresores, ventiladores, o de utilizar motores eléctricos de alta eficiencia, pudiendo alcanzar ahorros de hasta US$ 2 millones.
Por último, en el sector transporte, se debe trabajar la sustitución del diésel por gas natural licuado para transporte de carga pesada y transporte interprovincial; continuar con la promoción del gas natural para vehículos ligeros; las municipalidades deben mejorar el sistema de transporte público para reducir el parque automotor, definitivamente sacando de funcionamiento vehículos en mal estado e ineficientes tras cumplir verdaderas revisiones técnicas. Por otro lado, se requieren mayores facilidades para la importación de carros eléctricos y estaciones de recarga que vayan de la mano con las redes inteligentes planteadas anteriormente.
Por último, la eficiencia energética debe trabajarse de la mano con el sistema educativo y debe formar parte de la estructura curricular de los diferentes niveles, desde las escuelas hasta la educación superior.
Invertir en eficiencia energética actualmente supone reducciones en demanda de energía futuras y ahorro en costos para el usuario, al mismo tiempo que se reducen las emisiones de carbono del país y se evita comprometer las reservas energéticas, controlando así el alza de precios eléctricos en beneficio de todos los peruanos.