A lo largo de la historia republicana han surgido partidos políticos democráticos conducidos por líderes excepcionales, como fundadores o como continuadores de las causas por las que fueron creadas; así también, han aparecido partidos del momento con caudillismos que muchas veces surgen por una cuestión eleccionaria o por su alto poder dinerario. En esta ocasión sólo nos ocuparemos de los primeros, de los democráticos, de aquellos que se originan en base a ideologías, principios y doctrinas, tales como el Apra y el Partido Popular Cristiano. El primero un partido de corte social demócrata, y el segundo, social cristiano, quizá diferentes en la ideología, pero similares en su paradigma de la justicia social. Ambos por el bien común de los peruanos, de su lucha por un país democrático y concertador.
No es novedad que por el bienestar del país vuelvan a coincidir, si nos remontamos a la historia no muy reciente. En 1978, el Apra y el PPC se juntan por primera vez para elegir al Presidente de la Asamblea Constituyente que elaboraría la nueva Constitución Política del Estado de aquel entonces, siendo Haya de La Torre el victorioso, gracias al gesto poco conocido, pero histórico de otro gran demócrata. Cuenta la historia que reunidos los constituyentes seguidores de Luis Bedoya Reyes, fundador del Partido Popular Cristiano, acordaron con los constituyentes apristas sumar y ser mayoría, logrando dicha victoria. Luego, ambas fuerzas harían posible la creación de la Constitución Política de 1979, basada en los principios de bien común, de solidaridad humana y de justicia social, consagrando la primacía de la persona humana como el fin supremo de la sociedad y del Estado e impulsando una economía social de mercado.
Una vez redactado y aprobado el documento final, se dio otro gesto generoso del líder pepecista. El Presidente de la Constituyente Haya de la Torre tenía su salud muy resquebrajada que lo imposibilitaba de asistir a la Asamblea. Entonces, Luis Alberto Sánchez, Presidente interino, trató sobre la posibilidad que el titular Haya de La Torre firmara en su recinto de convalecencia la naciente Constitución, haciendo la consulta del caso a don Luis Bedoya, quien en un gesto que sólo los grandes pueden dar, no hizo reparo para que aquella Carta Magna fuera llevada al lecho del líder aprista, siendo así refrendada por uno de los hombres más ilustres del siglo XX.
Han pasado casi cuatro décadas cuando ahora nuevamente se juntan, los continuadores de estas tiendas políticas históricas, Alan García y Lourdes Flores, quizá cada uno con sus propios ideales pero siempre en dirección a un rumbo común, el desarrollo sostenido de un país con proyección social, un García estadista con experiencia y una Lourdes con capacidad y entereza. He aquí, dos partidos institucionalistas con ánimo no sólo de alcanzar simplemente el gobierno, sino trascender al ejercicio efímero del poder, sentando las bases futuras de gobernabilidad para el logro de la justicia social con un crecimiento del país que sepa redistribuir la riqueza para los más necesitados, pasando por disminuir la pobreza hasta en menos del 10%, tal como lo propone Alan García.
La alianza del Apra con el PPC no sólo es la unión electoral de cara al 2016 sino constituye el primer gran paso hacia un camino de reinstitucionalización de partidos sólidos, organizados y responsables como piezas fundamentales de la democracia política y social del país, dejando atrás aquellas diseminadas organizaciones clientelistas y oportunistas que casi en nada contribuyen a la conciencia responsable y democrática de nuestra nación.
Es el elector quien decide al final su propio futuro, el de un país democrático pero a su vez emprendido hacia rumbos expectantes de mayores oportunidades que superen los índices de productividad y de poder adquisitivo, sin menoscabos de derechos sociales y laborales o, caso contrario, el de un país de asistencialismo y de retardo a la inversión y el crecimiento, producto de candidatos y gobernantes improvisados y sin ninguna experiencia ni capacidad real. Nosotros los electores tendremos la palabra y la decisión. La democracia con partidos políticos fuertes es el medio; el fin, la justicia social.