Punto de Encuentro

¡Silencio por favor!

Los periodos electorales son altamente ruidosos. Las emociones por uno u otro bando crean un ambiente ensordecedor. Podríamos, en efecto, compararlo con una fiesta. Una desordenada juerga familiar, con toda clase de invitados: el sobrino callado y apacible —aburrido—, el tío soberbio que no sabe perder en el juego y patea la mesa, el primo con fama de pendejo, la prima rebelde, la hija consentida y el abuelo con sus aventuras de viaje y, por supuesto, el tio borracho. ¡Qué decir de los hermanitos consentidos! Hay de todo tipo de familiares y todos hacen ruido, bailan, se pelean, comen, beben y vuelven a pelearse.

Una juerga familiar, es un momento de expiación, de catarsis, de drenaje, pero no es el momento de tratar asuntos serios. Esa sería una reunión familiar, sin alcohol, sin música y sin desenfrenos.

La fiesta democrática requiere de momentos de catarsis, pero ese momento no puede ser toda la contienda electoral. Una de las críticas que puede hacerse a estas elecciones es que no hemos dejado la juerga. Aún en los momentos del "debate" —el de la primera vuelta y ahora el técnico— ha sido más una vendetta que una reunión para zanjar pendientes políticos en nombre del orden exigidos por las circunstancias. 

Se extraña de sobremanera una discusión reposada que permita comprender que los líderes peruanos son capaces de discutir seriamente los asuntos que atañen y afectan a toda la familia política: el país.

Es quizás el momento del día siguiente, meterse en los zapatos de la resaca, comerse un ceviche, tomar dos pastillas para el dolor de cabeza y hablar con el sensatez.  Esperemos que este próximo fin de semana sea la primera fecha seria al respecto.

Los excesos y puyas no pueden ser lo único que ofrezcan. El caos y la eterna fiesta no paga cuentas, no pone en orden la casa y no asegura las esquinas para que los niños no se golpeen. El ruido no permite escuchar lo que ocurre en el exterior, ni mantener la alacena con suficiente comida por si se acerca una tormenta. Las familias, como los países, no pueden vivir de la juerga. No hay hígado de aguante.

¡Silencio por favor!

La abuela Cordura quiere hablar sobre los tiempos que están por venir y cómo podemos enfrentarlos.

NOTICIAS MAS LEIDAS