Punto de Encuentro

El país de la furia

Violencia a toda hora del día.  Asaltos a mano armada, sicarios, feminicidios y últimamente estudiantes asesinados por delincuentes sin escrúpulos que no se tocan el alma para matarlos, delante de sus familias, por resistirse al asalto o llevar consigo poco dinero. Es aterradora la incapacidad de nuestras autoridades, que hoy  muestran a las nuevas generaciones lo que vivimos con el terrorismo 30 años atrás;  ese miedo indescriptible de salir a la calle o que tus padres no regresen a casa.  

Mientras tanto, la violencia se traslada también a las redes sociales. Políticos, periodistas y trolls mediáticos con avatar de héroes de la patria, todos haciendo gala de puyas,  investigaciones periodísticas “sin confirmar” y “posts” atentatorios contra el honor de las personas.  La prensa y los políticos unidos  para crear más violencia.  Y las autoridades electorales y el Pacto Ético? Todo bien, gracias.

Atrás quedaron las propuestas políticas y las iniciativas ciudadanas para generar debates alturados.   Los ciudadanos y ciudadanas peruanos, se dividen en esta época electoral, cuando más necesitamos de consenso para promover conciencia de los niveles de violencia a los que estamos llegando.  Forman dos flancos, los de izquierda y los de derecha, el juego de los malos y buenos, héroes contra villanos, el poder del pueblo y el poder del dinero.  Francamente, en su mayoría, posiciones extremistas que nunca leyeron un libro de política, perdidos entre el capitalismo y el comunismo.  Un juego político que se torna perverso, haciéndote evadir la realidad: la violencia nos está llegando al cuello.

El Perú se precia de tener abundante corpus legislativo y planes nacionales contra la violencia, y la delincuencia.  Tenemos leyes para empapelar todo el palacio legislativo, y seguimos creyendo que tenerlas en abundancia es la clave del éxito.  Cuál éxito? Sin un Poder Judicial que genere confianza y seguridad jurídica y,  sin un Poder Ejecutivo que priorice la implementación de la Policía Nacional con un eficiente  destino descentralizado de recursos,  la violencia  avanzará y generará impactos diferenciados como la deserción escolar y universitaria.

En el año 2015, la República de El Salvador, uno de los países con más incidencia de crimen organizado, 15, 511 estudiantes desertaron a causa de la delincuencia, de acuerdo al último censo estudiantil realizado por el Ministerio de Educación de ese país.  El Perú tiene una de las tasas más altas en deserción escolar por factores económicos y familiares, sumarle la delincuencia, sería el caos.  Este posible escenario exige tomar medidas de emergencia a corto plazo y autoridades que las conduzcan con liderazgo y determinación.

Y a todo esto… ¿dónde está nuestro Presidente?

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