Dos horas, catorce minutos de vuelo desde la capital de Vietnam al centro de Myanmar. Al bajar de avión nos esperaba Mimí, ella sería la guía encargada de mostrarnos el sin fin de templos y pagodas las cuales mantienen aún su magia y esencia pues poco o nada han sido cambiados por el paso del tiempo. Ella, dotada de una pura singularidad, nos trató como si fuéramos uno más de su familia.
Nuestro primer punto fue cambiar dinero. A pesar que se acepta el dólar y el euro sin problema, siempre es bueno contar con dinero del lugar. En aquel entonces, si mal no recuerdo, nos dieron mil trescientos Kiats por un dólar, el billete más alto a las justas llegaba a los cinco dólares así que por cien dólares nos dieron un gran fajo de billetes (me sentí como cuando en Lima cualquiera tenía un millón de "intis").
Luego de manejar veinte minutos más llegamos al hotel. Era grande, moderno y bonito; pero algo sucedió, a las 6pm. Se apagó la luz en todo el país, yo inmediatamente exclame: ¡Apagón! Al cabo de unos quince minutos, el hotel se iluminó con un grupo electrógeno pero la ciudad permaneció a oscuras. Más tarde, a la hora de la cena, nos enteramos que todos los días a las 6pm cortan la luz en todo el país para ahorrar energía eléctrica; este sería solo el primero de una serie de sucesos desafortunados. Esa noche quise revisar mi correo electrónico así que fui a las computadoras que se encuentran junto a los teléfonos en recepción pero no pude abrir mi hotmail, supuse que tendría algo que ver con la electricidad así que no me preocupé y decidí intentarlo nuevamente al día siguiente por la mañana.
Ya había amanecido y los templos de Bagan nos esperaban. Mientras llegaba Mimí fui al computador pero parecía que mi hotmail estaba bloqueado. Camino a los templos la guía me explicó que el gobierno aparte de cortar la energía eléctrica tiene prohibido abrir páginas en internet de origen americano (así fue cómo ella lo dijo) por lo tanto paginas como Hotmail, Yahoo, Google estaban bloqueadas. Llegamos a la zona de Old Bagan y la vista era increíble. Dentro de los templos todo era oscuro, pero nos alumbrábamos con una pequeña linterna para poder contemplar trabajos artísticos como pinturas y esculturas que superan largamente los 5 siglos de antigüedad. Una de las formas más increíbles de observar el paisaje era sobre volar los templos en globo aerostático; el capricho te costaba poco más de trescientos cincuenta dólares y como estaba fuera de nuestro presupuesto Mimí nos llevó al punto más alto y así conseguimos la mejor de todas las fotos.
La experiencia con la comida fue exactamente igual que en Vietnam, no logramos entender el sabor de su cocina así que nuestra guía muy amablemente nos llevó a un restaurante de cocina internacional (que era el único que había, según creemos). Volvimos al hotel poco antes de que oscurezca, debíamos descansar pues a la mañana siguiente otra aventura llamada Yangon nos esperaba.
Ya superado el tema del apagón a las 6pm y el acceso limitado a internet bajamos a desayunar contentos y optimistas; antes de irnos decidimos llamar a casa para ver “¡qué novedades en Lima!”, nos acercamos a recepción y solicitamos un teléfono para hacer la llamada, la tarifa de 30 dólares por minuto nos sonó de terror pero aun así pedimos que nos marcaran el número, algo sucedía, no entraba la llamada, nos sugirieron que lo intentaremos después de almuerzo pues algunas veces las líneas se congestionaban a la hora de la mañana. Llegó Mimí y nos fuimos volando a ver una de las pagodas más grandes de Asia entera.
Entrábamos a Yangon y nos costaba entender la ciudad un poco desordenada y caótica pero al contemplar su gran atractivo turístico todo cobraba sentido. Un templo impresionante recubierto de oro en varias partes brilla como si fuera el mismo sol y en su punto más alto llega a cien metros de altura una gran y fotogénica estufa bañada en oro. Ahí estábamos, Shwedagon Pagoda era todo un espectáculo, conforme pasaban las horas la construcción iba cambiando de color por reflejo del sol, la gente seguía llegando aferrándose a sus creencias religiosas. Sin duda esta pagoda no es solamente una construcción religiosa, es un monumento que guarda toda una carga de fe que la gente deposita al expresar sus creencias y costumbres pues es uno de los lugares más sagrados para los budistas.
Regresamos temprano para poder hacer la llamada, pero la llamada nunca entró. Una sensación de estar atrapada e incomunicada se apoderaba de mí, la gente era muy amable y sonriendo nos decían cuánto sentían que las líneas no estén funcionando, pero lo cierto fue que las líneas no funcionarían nunca. No entiendo por qué tanto afán por separar a la gente del resto del mundo. Para comunicarme a casa tuve que crear una cuenta en Latinmail y rogar para que el correo no entre a la bandeja de “correos no deseados” cuando escribiera a mi familia.
Finalmente habíamos logrados culminar nuestra visita a Birmania de manera exitosa, esa noche hicimos maletas antes de acostarnos para la mañana siguiente continuar recorriendo Indochina.