El aprismo, desde su concepción ideológica, planteó una nueva plataforma de acción política, en la que convergían la clase obrera y estudiantil, que se denominó el Frente Único, en contraposición con la postura marxista de la lucha natural permanente entre clases. Su objetivo era la lucha conjunta para la conquista de derechos en un Estado aún incipiente en materias sociales.
Esta tesis naturalmente queda desfasada en el espacio- tiempo histórico en el que nos encontramos, producto de las nuevas tecnologías y la globalización. Una redefinición de esta plataforma política es necesaria para que el aprismo vuelva a convertirse en el verdadero partido del pueblo que en el siglo pasado fue.
Más allá de la derrota del 10 abril, lo preocupante fue el bajo porcentaje que se obtuvo, lo que refleja el grado de desconexión que tiene el Apra con la sociedad peruana de este siglo. Para que el partido tenga vigencia dentro de la población, debe redefinirse constantemente, pues las coyunturas y problemáticas cambian raudamente, sin dejar de lado la esencia de este.
Ya no se puede hablar solamente de obreros y estudiantes, también tenemos que hablar de los pequeños y medianos empresarios, de los trabajadores independientes, de los jóvenes que promueven y viven del arte, de las amas de casa, de los trabajadores informales, de los mototaxistas; pero todo esto sin dejar de lado a los sindicatos, campesinos y comunidades nativas.
El aprismo tiene que volver a tomar la bandera de lucha de los grupos humanos previamente mencionados, ya que es lo único que lo mantendrá vivo en la conciencia del pueblo y, lo más importante, como un actor político representativo de este.