Punto de Encuentro

La miopía sobre los IN... seguridad/formalidad

La inseguridad es un mal que aqueja al Perú. Todos lo dicen a viva voz, pero es un problema con raíces tan profundas que a veces no logramos identificar su real origen e impacto. 

Empecé este artículo prácticamente con las mismas palabras que mi artículo anterior. Sólo cambié la palabra informalidad por inseguridad. La realidad es que ambos problemas son profundos y se abordan miopemente la mayoría de las veces. Algunos dirán que es muy fácil prescribir cosas cuando no se está imbuido en la gestión pública, con todas las trabas procesales, administrativas y las pugnas de poder político. Sí, es cierto. Es más sencillo estar frente al computador como espectador y determinar dónde podrían aplicarse los correctivos sin tener que poner las manos en el fuego. No obstante también es cierto que parte de lo que recrudece la labor de hacer políticas públicas efectivas es el trabajo mediocre de muchas agrupaciones partidarias que no permiten operar políticamente con destreza a las capacidades técnicas y que pretenden suplir lo político con lo técnico o lo técnico con lo político. El reto empieza por ahí. No lo olviden.

Volviendo al tema que nos ocupa, la inseguridad es un problema complejo que debe abordarse desde lo técnico y lo político, pero también desde lo socioeconómico y por tanto desde lo educativo.  No podemos pretender que la seguridad se constriña a un espacio reactivo (policía, jueces y cárceles), ni sólo al preventivo (educación, empleo y formalidad), debemos entender que los problemas sociales, como "enfermedades del sistema" se producen a partir de la propia dinámica social. En este sentido todos los problemas requieren de un enfoque omnicomprensivo, multifocal y transversal; abocado adicionalmente al desarrollo de políticas prospectivas que se formulen en la búsqueda de la mitigación de riesgos probables en un escenario globalizado que impone ir más allá de nuestra realidad circundante. Tenemos que ser también proactivos en el corto plazo para procurar la incorporación de factores que transfiguren un problema que, en lo específico, pone en jaque la propia noción de Estado: monopolio de la fuerza coactiva.

Así, en un enfoque reactivo y proactivo, que palee el estado de las cosas; y preventivo y prospectivo, que anticipe futuros peligros, debe articularse el nuevo plan nacional de seguridad.  En consonancia con la lógica de resultados inmediatos y medibles y que apunte a articular equipos y esquemas de cooperación entre los gobiernos locales, regionales y nacional.  Las cifras y estudios están ahí, detallados, desmenuzados y servidos sólo para organizar bajo la visión correcta del problema y la voluntad política y técnica para formalizar las soluciones un tema de urgencia como éste que, insisto, es multidimensional y convoca a actores políticos, económicos y sociales.

NOTICIAS MAS LEIDAS