Punto de Encuentro

Golpe en el corazón del progresismo sudamericano

El desenlace de la destitución de Dilma Rousseff era previsible. En los medios periodísticos, han comenzado a utilizar términos como “golpe blando” o “golpe parlamentario”, tal vez siendo reticentes a llamarlo “golpe de Estado”. La verdad es una sola: la oposición brasileña, con intereses subyacentes de grupos de poder conservadores, utilizó la normatividad de la Constitución para quebrar el orden constitucional. Este no es un escenario nuevo: en Paraguay, llamaron “crisis política” a los sucesos del 2012, donde la oligarquía paraguaya, de la mano d sectores políticos conservadores, llevó a juicio político al entonces presidente Fernando Lugo. A pesar del rol mediador de UNASUR y de la protesta de los países sudamericanos con medidas como el retiro de embajadores, Federico Franco asumió el mando y el orden constitucional retornó al país. Brasil va en este camino; empero, hay problemas económicos y políticos que debe enfrentar en el corto plazo.

Desde hace días, se vive una situación preocupante en el interior del MERCOSUR. Brasil junto a Argentina, principales promotores de este bloque económico, han comenzado a ver como este proyecto de integración comienza a generar resquebrajamientos internos. Las disparidades económicas entre sus miembros y las políticas proteccionistas de Brasil y Argentina, han originado el surgimiento de dos bloques: Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, por un lado; por el otro, Venezuela y Bolivia. Aquí el problema es económico, donde países como Bolivia, Uruguay y Venezuela, no conciben un rol desigual en lo que concierne a políticas arancelarias, así como demandan la apertura del mercado brasileño y argentino a sus productos de exportación. Estas fricciones han dividido al bloque, que tiene relación con el momento político en los países miembros del MERCOSUR.

Si bien los problemas en MERCOSUR no generan preocupación en estos días, con la llegada de un gobierno conservador, el papel que asuma a nivel de sus relaciones internacionales, puede que termine afectando las negociaciones que se vienen dando al interior del bloque económico. Miche Temer va a camino a ser el “Macri brasileño”, lo que enciende las alarmas en la región para los pocos gobiernos progresistas que quedan. Si el gigante brasileño ya vive el ocaso del progresismo instaurado por el Partido de Trabajadores, ¿podemos hablar de un nuevo “giro hacia la derecha”?

Desde un análisis regional, Venezuela entró en una fase de agotamiento del modelo chavista y no se sabe hasta cuándo podrá sostenerse el gobierno de Maduro, cuando las protestas están cercando cada vez más al régimen chavista; en Ecuador, Correa cuenta con altos índices de popularidad; sin embargo, no postulará a la reelección y las elecciones presidenciales de febrero de 2017 contribuirán a pensar un escenario post – Correa, donde el oficialismo se enfrentará a una oposición fragmentada. Finalmente, en Bolivia, si bien vive duros enfrentamientos entre Estado y Cooperativistas por demandas en el sector minero, el gobierno de Evo Morales continua en la senda del crecimiento, sumándole el hecho de que aún le restan tres años de gobierno, lo que trae consigo interrogantes sobre pensar una Bolivia post- Evo Morales y la hegemonía política del MAS.

El impacto de los recientes sucesos en Brasil va a tener un duro impacto en la región, sobre todo generando escenarios inciertos sobre el rumbo del progresismo en Sudamérica. Si bien el quiebre de la institucionalidad democrática deja un mal precedente en América Latina, la reflexión debe ir a un aspecto más trascendental: la escaza madurez de la clase política brasileña, al recurrir a artimañas, para destituir a un gobierno elegido democráticamente. Adelantar las elecciones presidenciales hubiera sido el mejor escenario, tanto para la oposición, Rousseff y la ciudadanía brasileña. Al fin y al cabo, el voto popular es la legitimación de la democracia. 61 votos no representan a 200 millones de brasileños.

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