Alejandro Mejía Tarazona
FLACSO - Ecuador
El título de esta columna es ambicioso. Hablar de corrupción en el Perú se ha convertido en un fetiche por parte de la ciudadanía y de los medios de comunicación. Odebrecht ha puesto en la agenda pública un mal endémico, herencia desde tiempos del Virreinato, que no hace más que ahondar aún más la crisis de legitimidad de nuestra clase política. Comisiones, investigaciones, detenciones, parecen ser las respuestas a corto plazo de un sistema político que no encuentra soluciones a tan grande encrucijada. La solución está en nosotros, la ciudadanía, en rescatar los valores éticos bajo la cual se sostiene una democracia.
Veamos un ejemplo. Mi madre, Luz Tarazona, profesora de educación inicial por 16 años y Directora del I.E.I. 351 “San Martín de Porres” por 26 años, dedicó casi 42 años de su vida al Estado peruano y durante todo ese tiempo, nunca fue acusada de corrupción, recibir alguna coima, nepotismo, malversación de fondos o sustraer algún objeto de la institución educativa (está práctica es frecuente en gran parte de los Directores). El resultado de tantos años de sacrificios genera recompensas y respeto por toda la comunidad del distrito de Los Olivos: en su último día como Directora, se le realizó la despedida más grande, que duró cerca de 5 horas, jamás vista desde la creación de Los Olivos y tal fue la magnitud del evento que, hasta el mismo alcalde del distrito, Felipe Castillo, acudió personalmente para otorgarle un reconocimiento por toda su trayectoria y trabajo dedicado a forjar la niñez de nuestro joven distrito. Ex – profesoras, ex – alumnos, números artísticos por parte de los niños y profesoras, arreglos florales y más de 400 personas, fueron parte del fin de su carrera pública.
Lo anterior tiene una explicación: el ejemplo de mi abuelo, Alejandro Tarazona, Director del único colegio del Distrito de Ocros (actualmente, Provincia de Ocros). Según relatos de mi madre, tal fue la transparencia en la labor de Don Alejandro Tarazona, que se puede resumir en esto: “Tú abuelo nunca trajo siquiera un lápiz del colegio a la casa. Respetaba su labor de servicio al pueblo”. Prueba de ello, es que a todo compromiso social de la Provincia de Ocros, siempre al decir que soy nieto de Alejandro Tarazona, los familiares y amigos, tienen un recuerdo enaltecido sobre su labor como maestro y su forma de guiar a muchos de ellos, a que estudien para ser maestros (que para mi abuelo era el máximo reconocimiento en la sociedad).
Los valores, las enseñanzas, las prácticas de transparencia y rendición de cuentas, vienen desde la esfera de lo privado, desde la familia. Y la ética en lo profesional, ha sido una enseñanza que ha sido dejada de lado, debido a que valores como el honor, el respeto, la decencia y el servicio, son parte de esta crisis de legitimidad intergeneracional en la sociedad peruana. La clave está en la educación, un sector que ha sido minimizado por el Estado peruano, desde las reformas de tercera generación que trajo consigo el neoliberalismo. La criollada y la viveza, se han vuelto requisitos indispensables para ser considerado un ciudadano peruano. Mientras no retomemos el sendero de una educación con valores, desde el seno familiar, estamos condenados a convivir con la corrupción.
La corrupción en el Perú casi puede etiquetarse como una tragicomedia, donde cada nuevo descubrimiento de indicios de corrupción, no solo sobre Odebrecht sino también en los Ministerios, entidades gubernamentales o gobiernos municipales o regionales, ya no sorprende a nadie. La ética pública debe ser el nuevo pilar de nuestra educación, porque trasmitir valores no es una tarea titánica.
Solo hace falta poder de decisión, toma de decisiones en el Estado por recobrar el liderazgo y el servicio a la ciudadanía, como máximas para nuestra nueva generación de ciudadanos. Este, puede ser un primer paso, con el cual enfrentarnos a la corrupción, ante el ritmo acelerado que viene socavando nuestras instituciones democráticas. Quizá, mayores lecciones sobre accountability social y horizontal, sean los mecanismos desde donde empezar el cambio.