Punto de Encuentro

¿Quién salva a PPK?

 

No existe mejor expresión del descontento popular que las encuestas. La estrepitosa caída de casi 11% en el nivel de aprobación de PPK en Enero, enciende las alarmas en este gobierno de tecnócratas. Como dato: desde el retorno a la democracia, Toledo, García y Humala no habían sufrido tal rechazo popular en sus 6 primeros meses de gobierno. Lamentablemente, PPK está pagando por decisiones de ex – presidentes al abrir las puertas al capital brasileño, sin mecanismos de control y trasparencia en sus proyectos. Sin embargo, nuestro presidente no se salva de los dardos y las acusaciones: su rol en el gobierno de Toledo, como Ministro de Economía y Primero Ministro, es algo que sus detractores no olvidan.

Las fricciones entre el Parlamento y el Ejecutivo durante los primeros meses de gobierno, eran síntomas de un escenario nada alentador. El error más grande de PPK es no haber recurrido a alianzas con otros partidos, con el objetivo de “alquilar” ciertos cuadros políticos, para lograr la transición post – humalismo y enfrentar directamente al fujimorismo. PPK no aprendió la sagaz estrategia de Toledo en el 2001: recurrir a Olivera y enfrentar la dura oposición del APRA en el Parlamento. El resultado: Olivera fue su caballito de batalla y enfrento duros escenarios donde el aprismo podía poner en jaque al gobierno. Si, lecciones de historia, que ayudarían al actual gobierno a mover mejor sus fichas. La política es un tablero de ajedrez y PPK no sabe elegir sus peones de batalla.

El 2016 ha sido un año difícil con respecto a la gobernabilidad. Cuesta creer que los asesores de Pedro Pablo Kuczynski, no pensaran que, luego de casi 15 años, tendríamos un Parlamento con mayoría, frente a un Ejecutivo con una banca reducida. Francisco Zavala puede ser un buen tecnócrata, pero sus cartas como político, son mínimas. Quizá su elección fue el mayor error, pero ¿qué se le podía pedir a un presidente, sin partido político y con cuadros políticos “prestados”? PPK debe desterrar la idea que administrar el Perú, es como dirigir un banco. Por más neoliberal que sea nuestro modelo, con conflictos sociales a la vuelta de la esquina y el fujimorismo a la expectativa de cualquier error del presidente, necesitamos un Premier más político y con menos experiencia en haber sido CEO de empresas cerveceras (Si, Zavala sabe mucho de esto último).

El reto más difícil de PPK ahora es: gobernar y administrar. Lo correcto es evaluar el desempeño de su actual Consejo de Ministros, identificar fortalezas y debilidades. Su reto más urgente: recuperar la confianza del ciudadano de pie. Las simpatías y expectativas que generó la elección de PPK, ya debe terminar. Es momento de enfrentar problemas urgentes. Los medios para esto: paquete de reformas, para fortalecer las entidades de control (mayor accountability horizontal) y combatir la corrupción, recuperar la vocación de diálogo del Estado para enfrentar los conflictos sociales en esta dicotomía peruana de “mayor extractivismo, mayor conflictividad social”, diseñar políticas públicas con fines y objetivos concretos para un tema urgente como la seguridad ciudadanía, así como negociar con el fujimorismo, evitando escenarios futuros de ingobernabilidad y de percepción de un gobierno débil.

En un sistema político, con desconfianza hacia la clase política y hacia las instituciones democráticas, la respuesta es renovar la confianza de la ciudadanía en sus representantes. La credibilidad de PPK está en juego y su mejor opción es la capacidad de decidir con respecto a problemáticas urgentes. Para ello, necesita un equipo de ministros políticos, que sepan resistir las arremetidas del fujimorismo y de actores no institucionalizados, que recurren a protestas como forma de expresar su descontento. La demagogia es la vía incorrecta: se necesitan promesas que sean consecuentes con acciones. Al país no le conviene un estado de ingobernabilidad en los próximos 4 años. Señor PPK, es hora de liderar, no de delegar.

Ojalá el gobierno no caiga en un laberinto sin salida. Para evitar ello, la toma de decisiones es imperante.

Alejandro Mejía Tarazona

 

 

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