Ni Leguía, ni Sánchez Cerro, ni Benavides, ni Odría, ni Velasco, ni Fujimori, ni Toledo.
Alejandro Toledo Manrique-el cholo santo y sagrado según su linda esposa Elian Karp-se suma a la larga lista de políticos que quisieron en algún momento desaparecer al APRA y que ahora se encuentran en el basurero de la historia.
Los parangones son leves, en el entendido que hasta el siglo pasado la cárcel era el plato de fondo que todo militante aprista tenía que saborear frente a órganos totalitarios.
Desde la autocracia corrupta de Alberto Fujimori, todos los gobiernos anteriores eran enemigos acérrimos de Haya de la Torre, todos marcaron un papel relativamente importante para la crónica. Esto no cambió desde la era García Pérez.
La vena antiaprista es una institución con igual tiempo de vida que el APRA y se ha manifestado en diferentes épocas. García fue proscrito de la patria por 9 años gracias al autogolpe del 1992 protagonizado por Fujimori. Regresó al Perú una vez caído el régimen adulterado fujimontesinista. Estando en el Perú, postuló a la presidencia por segunda vez y por aquellas épocas el Toledismo se forjaba aprovechando una tendencia renovadora y democrática, una democracia que los peruanos anhelábamos hartos de tanta bazofia que dejó al paso Fujimori y compañía.
Era tal la desesperación por volver a ser un país libre, que la mitomanía, el alcoholismo y la adicción a las drogas que se voceaba fuertemente sobre las costumbres que poseía Alejandro Toledo, pasaron desapercibido. El antiaprismo es grande, tan grande, lelo y egoísta, que nacieron garantes de un gobierno que otrora era el cambio que el Perú necesitaba urgentemente, no importaba si te aliabas con tus rivales de campaña.
Así nacían pláticas entre Fernando, alias “popy” Olivera y Alejandro Toledo, pláticas donde se negociaban burdamente ministerios, cancillerías y hasta embajadas.
García pierde por la mínima las elecciones del 2001 ante una contracampaña llena de injurias, calumnias y difamaciones, abriendo paso nuevamente a una serie de investigaciones judiciales y comisiones congresales de las cuales quedó limpio de toda imputación en su contra. Con esto se sumaban 2 gobiernos que fracasaron en su desesperación por querer desaparecer a Alan García para inhabilitarlo políticamente, el Fujimorismo y el Toledismo.
Ahora nos encontramos en una coyuntura muy distinta. Alberto Fujimori, preso. Alejandro Toledo, prófugo. Además, un ex premier del toledismo y fatalmente actual Presidente de la República (PPK) tirando tierra a quien años atrás sería su jefe. Un payasito Popy continuando su chamba pagada por quién sabe Dios, tratando de limpiarse las manos atacando parásitamente a Alan García (No sé si el tipo tiene sangre en la cara o tiene el rostro de piedra) y próximamente el militar Ollanta Humala y su superiora Nadine Heredia, o acompañando a Fujimori o acompañando a Toledo.
Uno más para la historia, decía yo en el título de este artículo. Y es que, si sumamos la deportación a Panamá del jefe del APRA, Victor Raúl, gracias a Leguía. Agregamos la persecución de Sánchez Cerro, el continuismo de Benavides en mantener a los apristas clandestinos, además el intento ridículo de querer demostrar que Haya de la Torre era un narcotraficante, ponzoña gigantesca utilizada por Odría en el aferro de Eduardo Balarezo, sólo con fines de dirimir al APRA fallidamente.
El accionar golpista y plagiado de Sánchez Cerro que engendró Velasco Alvarado por llegar al poder a la fuerza, demostrando el mismo temor de su ídolo-Luis Miguel-ver ganar a Haya de la Torre limpia y democráticamente la elección que se avecinaba.
Un Fujimori intentando fusilar a García y abriéndole juicios por doquier. El toledismo y humalismo risible, queriendo investigar hasta la marca del calzoncillo que utilizaba García con fines desacreditables, tanto para el PAP como institución, como para su líder máximo.
Los tiempos cambian radicalmente, todo aquél que a intentando eliminar al APRA y a sus líderes, ha terminado saboreando la amargura de su odio y el desecho de su alma. Por el simple hecho de que el APRA siempre se ha legitimado en la lucha democrática, permítame no sonar tan subjetivo. Pero estoy para decir lo que pienso y lo que veo, aunque duela, pique y arda. Pasarán 93 años más y el partido seguirá de pie. Vendrán nuevos enemigos, vendrán nuevas falsedades, pero estoy seguro que seguirán aquí, unidos, dando un digno ejemplo.
Anthony Tello