Punto de Encuentro

¿Fracasaron las políticas públicas?

 

“En Lima no llueve, es un desierto, los huaicos no son frecuentes”. Puede parecer una frase trillada, pero ya no es válida para nuestros tiempos. El Niño Costero ha azotado Lima y la costa norte del Perú, dejando en evidencia un déficit de planes de prevención ante un problema de magnitud global: el cambio climático. Después de las semanas que están por venir, el primer paso será la reconstrucción de ciudades y centros poblados, así como recuperar las cuantiosas pérdidas en cosechas e infraestructura. Sin embargo, hay un reto aún más grande: el cambio climático, debe entrar en la agenda pública en el corto plazo, no solo diseñando políticas de prevención (como en Chosica, Tumbes y Piura), sino también pensando en los peores escenarios que traerá consigo la problemática ambiental.

Las políticas públicas son diseñadas como respuestas a problemas públicos. La institucionalidad del Estado y la interacción de actores e instituciones, permiten su implementación. En el Perú, muchas de las políticas han respondido a problemas latentes y pocas veces logran cumplir los objetivos planteados. La reconstrucción del Sur, luego del terremoto del 2007, es una muestra de ello. Si bien se han llevado a cabo avances en programas de prevención en diversas regiones costeras, estos no han tenido incidencia debido a la falta conocimiento acerca de la magnitud de las lluvias y el impacto que generarían. Es cierto, los fenómenos naturales son impredecibles; ante ello, el Estado debe reconsiderar un proceso sistemático de reformulación de sus políticas públicas.

Estos desastres naturales, dejan lecciones para el Estado. Los estragos que dejó el fenómeno del Niño del 98, han sido suficientes como para haber generado un proceso evolutivo de aprendizaje en la institucionalidad estatal. Se crearon agencias estatales para la prevención de riesgos antes desastres naturales, pero parece que seguimos bajo una extraña dependencia que nos lleva la ineficacia de las políticas. Si bien el Estado destina un presupuesto para la gestión de riesgos, esto es insuficiente si no se cuenta con la burocracia profesionalizada y los mecanismos correctos para implementar una política. Limitarnos a denunciar actos de corrupción en la ejecución de los programas de prevención, cuando esto sobrepasa los límites de la institucionalidad, es algo difícil de medir.

Una de las tareas pendientes, es mejorar la lógica del aprendizaje institucional en los funcionarios públicos. Es hora de posicionar el cambio climático como un problema público al Bicentenario y diseñar las políticas correctas para enfrentarlo. La relevancia del diseño, implica que actores de la sociedad civil (en las zonas vulnerables), también sean parte de la toma de decisiones, y no limitarnos a las ideas de cómo enfrentar el problema, provengan únicamente de las entidades gubernamentales. Asimismo, un proceso de rendición de cuentas contribuiría a fiscalizar los fondos públicos y los plazos de los proyectos a ejecutar. Esto, a grandes rasgos, significa fortalecer el accountability, en una política pública que puede recaer en el error de plantear respuestas con un bajo nivel de eficacia para frenar el impacto de los desastres naturales.  

¿Qué más se puede cambiar? El problema no se reduce a un tema de políticas públicas. Lima y las ciudades de la costa norte, adolecen de planes urbanísticos, que proyecten las urbes hacia el futuro, con obras de infraestructura adecuadas para combatir el impacto de la naturaleza. Gran parte de la problemática en un país propenso a los desastres naturales, es que muchas de las viviendas en la periferia, han sido construidas en la informalidad, sin los estudios técnicos necesarios. Los distritos más poblados de Lima (donde radica esta informalidad), terminan siendo los más afectados porque son la fuerza de choque ante la arremetida de la fuerza de la naturaleza. El momento es ahora, donde las políticas públicas desde el gobierno nacional, sintonicen con planes urbanísticos para aquellas ciudades que serán vulnerables al cambio climático en un futuro no muy lejano.

 

 

 

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