En un lugar del mundodos amigos se encontraron para hablar de economía, temas delicados;
el primero estaba triste, acongojado,con un manojo de papeles en la mano;el segundo, calmado.
Es lógico pensar que en el futuro las cosas irán mejor, de no ser así no habría razón para seguir, para luchar, es hasta biológico —decía el primero alzando la voz—, por eso nadie piensa con frecuencia en la inminencia de la muerte. A pesar de ser una de las certezas de la vida; pero eso no me exime de mi error, y ahora tú, mirándome de esa manera, ¿acaso me estás juzgando?
—No te juzgo hermano, le respondió su amigo con tono sereno, es solo que antes éramos tan parecidos, crecíamos al mismo ritmo, nuestras expectativas hacia el futuro eran las mismas; conocemos la receta para crecer: capital, trabajo y productividad. Sabemos que el dinero es de los ciudadanos, que ellos son los que generan la riqueza y lo único que nos compete es crear el entorno propicio para que sus emprendimientos florezcan.
—Ya lo sé, lo sé muy bien —interrumpió Perú, mientras seguía apretando con fuerza el manojo de papeles que traía consigo— inclusive sé cómo va a terminar tu frase: “teniendo a la dignidad del hombre como objetivo principal”.
—Sí, es exactamente como iba a terminar, pero entonces, si sabes el concepto ¿qué pasa contigo?
—Bueno, qué te puedo decir, tu sabes que nosotros nos reinventamos cada cinco años, te respondería que esta vez vi la meta y quise llegar a ella sin importar el camino, tuve problemas de productividad; ¿cómo ocurrió eso? —interrumpió el amigo, con una expresión en el rostro que no podía disfrazar su sorpresa— tú sabes que si bien nuestro crecimiento puede sostenerse en dinero, máquinas y en mano de obra. Si nuestra gente no va incrementando su productividad, qué provecho le puede sacar a las nuevas tecnologías, o qué valor puede crear para sus empresas, ¡ni pensar en la innovación! En otras palabras, sin la productividad, el capital y el trabajo siempre nos darán menos de lo que es posible obtener de ellos. Es la productividad la que expande la frontera de posibilidades de producción, así como el producto potencial de la economía; y en lo social, tú lo sabes también, la productividad es la que explica el crecimiento de los salarios y del PBI per cápita.
—Deja de sonar como mi profesor de economía, replicó Perú, recuerda que en el reporte Doing Business2012 del Banco Mundial, obtuve la posición 41 entre 183 países a nivel global. Es decir, estuve en el tercio superior del mundo en términos de clima de negocios, yo sabía cómo se atraían las inversiones. Pero como te dije antes, cada cinco años a algunos nos suele dar este extraño fenómeno, para bien o para mal, perdemos la memoria y ya no somos los de antes.
No te engañes, Perú —le dijo su amigo con tono de misericordia— tu nivel de productividad nunca fue el deseado. Eso se evidencia en tu PBI per cápita, recién en el año 2006 pudiste recuperar el nivel que tuviste en 1975; y pensar que en 1980 poseías este indicador por encima de Corea del Sur, de donde nacieron Samsung, Daewoo, Hyundai, Kia, Korea Aerospace Industries, entre otros.
Tus niveles de inversión tampoco han sido buenos, como te mencioné antes, el crecimiento también depende de ratios altos de inversión con respecto al PBI, en el 2010 tu ratio fue de 25.1%, ten presente que Chile alcanzó esta cifra ya en 1989, la India en 1990 y China, Singapur, Tailandia y Taiwán ya la habían conseguido en 1980; pero dejemos por un momento los argumentos de historia económica, miremos sólo el 2014: creciste 2.4%. Lo que obtienes es el fruto de una semilla malograda, es lo que, al no invertir en tu gente, desde un principio ya estabas destinado a obtener: Un tiempo perdido, resultado de buenas intenciones mal conducidas.
Perú sabía que todo lo que le decía era cierto, trataba de encontrar algo con qué refutar los argumentos de su amigo buscando desesperadamente entre las hojas sueltas que había traído, estaba tan concentrado en buscar su respuesta en esos papeles que no notó cuando su amigo se acercó con cautela y le arranchó un buen número de estos, luego de darles un vistazo rápido le increpó: Pero Perú, cómo piensas hacer algo distinto si aquí solamente hay fotocopias de planes que hiciste en el pasado, y en esta hoja que dice “Actual plan de trabajo” solo hay una línea: revisar todo lo anterior y tratar de no morir antes del 2016. El amigo le pidió a Perú todo su puñado de hojas y le dijo: Yo te estimo bastante, acto seguido las quemó todas y mientras esparcía las cenizas agregó con tono firme: Date cuenta que primero es la gente.