En el Perú actualmente la política es muestra clara de las múltiples y complejas escisiones que vive nuestra sociedad. Hemos heredado el pragmatismo para su uso excesivo e irresponsable en el gobierno.
Desde 1980, desde que se volvió a establecer el orden democrático luego de una década de gobierno militar, pasando por el rompimiento del mismo en los años 90 y volviendo en los 2000 a restablecerlo, tenemos a todos los presidentes de los últimos 35 años con procesos de investigación judicial, acompañándolos están gobernadores regionales encarcelados, alcaldes miembros de grandes bandas dedicadas a actividades ilícitas y un sinfín de autoridades estatales en proceso de investigación. Todos ellos por haber roto la confianza que los ciudadanos concedimos bajo prácticas de corrupción y otras graves acusaciones.
¿Cuál podría ser uno de los tantos factores que podría estar fallando? ¿Qué poderes constituyen nuestro sistema político? Nuestra política ha constituido un escenario transversal a lo tradicional y políticamente formal dentro de la concepción de participación e involucramiento directo con lo político. La política moderna en el Perú se ha constituido en base a los poderes fácticos que han podido desarrollarse teniendo en su discurso un acercamiento y falso compromiso por cerrar las escisiones constantes y complejas que constituyen un nuevo Perú.
El escenario actual tiene sus orígenes en la toma de decisiones y las consecuencias de estas mismas y desempeño de nuestras autoridades en los cargos que son electos. No se percibe mínimamente un esfuerzo por constituir un Estado como ente debidamente articulado que establezca lineamientos y objetivos en beneficio del desarrollo nacional con participación directa y fortalecimiento de su ciudadanía. Cada espacio de gobierno, ha constituido sus propias reglas y dinámicas de funcionamiento para brindar una conveniente y particular interpretación y atención de las demandas ciudadanas. Entonces se hace un escenario posible para la aparición de los poderes fácticos y sus enigmas.
En la nueva composición del quehacer político a nivel nacional, ya en las fronteras de lo formal y la legalidad, se constituían redes de actores que defendían cada quien un interés que iba más allá del objetivo máximo de beneficio y crecimiento social. Así se constituían poderes fácticos que condicionaban muchas veces la tan compleja política subnacional.
¿Por qué tienen oportunidad de protagonismo los poderes fácticos? ¿Quiénes están al otro lado? La política como actividad de intermediación entre la sociedad civil y el Estado, teniendo como dínamo central al sistema de partidos políticos, ya estaba en un proceso de crisis, Fujimori se encargó de agilizar y firmar su destierro a las sombras de su política mediática, neopopulista y pragmática. Una política frontal que no tenía capacidad ni voluntad de consenso y cogobierno con los partidos políticos. Eran obsoletos para la política de gobierno.
El debido funcionamiento del sistema partidario y su institucionalización pueden brindar una competencia adecuada a las reglas legales y públicas de un compromiso perenne y defensa de programas que tengan centralmente la participación ciudadana directa y de responsabilidades compartidas. Cerrar filas ante la perversión de lo políticamente informal.
Los ciudadanos hemos cedido frente a las redes de los poderes fácticos, aquellos que se constituyen bajo las sombras de la corrupción, el narcotráfico y otras graves acusaciones a las cuales nos hemos (mal) acostumbrado los peruanos. Hemos abandonado un escenario del cual nunca debimos desencantarnos.
Somos herederos de lo pragmático y su uso excesivo y malinterpretado de lo necesario que es para agilizar espacios que traen consigo beneficio y desarrollo social. Hoy podemos ser hacedores de un nuevo orden político basado en un cambio de visión, interpretación y participación ciudadana de los espacios reconocidos legalmente para el ejercicio ciudadano de intermediación y alcance del poder político.