Punto de Encuentro

AG, indulto y otras afecciones

 

Los últimos días, los ataques al gobierno vienen de cualquier frente. Un mes complicado, donde desde lo político se ha sitiado al gobierno para que tome decisiones trascendentales en pro de la buena gobernanza, las noticias en el plano económico (crecimiento del 0.5% en Marzo), han encendido las alarmas en el MEF, a escasos días de iniciar los planes estratégicos para el proceso de reconstrucción en el norte peruano. A esto, se le suma el factor sorpresa de la iniciativa presidencial por llevar a cabo un programa informativo “Conversando con el Presidente”. Curiosamente, una estrategia similar de los gobiernos bolivarianos en la región (Ecuador, Venezuela). El objetivo de ello es difuso, donde no es claro si se busca la rendición de cuentas o publicitar los logros sectoriales del gobierno. Quieran o no, es extraño un gobierno neoliberal utilizando medios de estilo bolivariano, para generar empatía con la ciudadanía.

El indulto a Alberto Fujimori, sigue despertando pasiones no solo en el Parlamento, sino en el mismo fujimorismo. Los “keikistas” y “albertistas” parecen enfrascados en un laberinto (indulto), del cual no encuentran los medios para llegar a ese objetivo. La pelota está en cancha del gobierno, que evita caer en contradicciones, para mantenerse consecuente con su promesa de campaña de no liberar a Alberto Fujimori. Lo mencioné  hace unas semanas: la estrategia del fujimorismo es lograr el indulto poniendo en jaque al gobierno y atacando a sus caballitos de batalla (Basombrío y Vizcarra). No es de extrañar, que el pecado de las mayorías en el Parlamento, permita estas estrategias arriesgadas por obstruir la agenda gubernamental. El fujimorismo es sagaz: un gobierno y, para ser más claros, el presidente debe poner los temas de mayor relevancia en la agenda pública; las últimas semanas, el fujimorismo es quien hace y deshace sobre qué temas deben ser agenda del régimen de PPK. La decisión de PPK es difícil: procede el indulto o el fujimorismo censura a Basombrío y Vizcarra. Semana complicada la que se viene.

Kurt Weyland, en un texto donde analiza las reformas neoliberales en AL y su apoyo popular, precisa “(…) las denuncias de corrupción en sí mismas no son suficientes como para tumbar a un presidente, se vuelven políticamente efectivas cuando son usadas por adversarios poderosos”. AG, esas siglas tan funestas que complican la ya opacada carrera política de Alan García, entran en escena nuevamente. Lo que impide ver a García en el banquillo de los acusados es lo que Weyland sostiene, ya que las múltiples denuncias que lo asocian a Odebrecht no son utilizadas por adversarios políticos poderosos, sino por líderes políticos con escaso apoyo popular como Ollanta Humala y Nadie Heredia. A esto, le sumamos la variable de un gobierno que encubre y desvía la atención de la opinión pública, expiando a García de todos sus negociados con la transnacional brasileña. ¿Qué más se puede hacer para que García rinda cuentas ante la justicia? Un Poder Judicial independiente (muchos jueces solapadamente responde aún a viejas militancias apristas), así como un fiscal con el poder para enfrentarse al establishment que encubre a los ex-presidentes. Solo con denuncias no se obtiene resultados. Los implicados siguen posando para la foto y lanzando frases irónicas.

La opinión pública parece seguir el camino que trata de imponer el fujimorismo, con ese afán de restarle peso político al Ejecutivo desde su fortín parlamentario: la poderosa mayoría de la bancada de Fuerza Popular. Las afecciones que pueden estar generando una bifurcación del fujimorismo, nacen de sus propios actores. Las pugnas entre Keiko y Kenji no son nuevas; el único capaz de poner orden en la casa es el propio Alberto Fujimori. Es sorprendente, cuanto análisis despierta en los académicos, las acciones de un Parlamento que obstruye o posibilita (a veces) las iniciativas del Ejecutivo, en un contexto de fragilidad institucional y la amenaza del retorno del fantasma del populismo de derecha en el 2021. Definitivamente, el mito del hiperpresidencialismo peruano es periódico de ayer.

 

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