Punto de Encuentro

Crescendo ciudadano

 

En los últimos días hemos vivido lo nefasto que son las prácticas offside. Difícil olvidar las imágenes en las que Jorge Luis Huamán Villalobos agitaba su mano por una minúscula rendija de aquella jaula que se convirtió en el lugar donde junto a Jovi Herrera Alania y entre impotencia y asfixia por el denso humo, daban sus últimos intentos de aferrarse a la vida.

El domingo pasado vimos cómo un bus de turismo urbano se desbarrancaba en el cerro San Cristobal, dejando a su paso víctimas mortales y dolor. Rápidamente los ciudadanos intentamos darle una explicación la cual nos permita aliviar nuestra pena, pero dejando abierta la herida de los deudos. No hay razón alguna para ser testigos de algo tan fortuito y a consecuencia, en algunos casos, de imprudencia humana. Nos queda la rabia pero no pasa de un mal rato para algunos de nosotros.

Se nos hace cotidiano quedarnos en lo emotivo y olvidamos rápido. Los peruanos hemos mediatizado nuestra atención a problemas que para sus protagonistas se han convertido en un estilo de vida inevitable y condicionante. No los culpo por la situación que les toca revertir. Dejamos la problemática irresuelta como una arista justificada en nuestra pluralidad social, económica y cultural. El destino inevitable del que quiere verse y sentirse pobre, eso no va.

Buscamos culpables directos siempre del lado del Estado. Nuestro ímpetu y entusiasmo nos rebasa y copa lo racional. Vivimos sintiendo que construimos e impulsamos un Estado- nación de y para todos. Yo diría, siendo sincero: un Estado de ciudadanos imprecisos, de esfuerzos que suman pero no bastan.

Somos nosotros los que pensamos que para agilizar un trámite debemos darle para su gaseosita al responsable, los mismos que cobramos por un espacio público para que el ambulante venda su producto. Y están esos otros personajes que muchos de nosotros conocemos y protagonizamos cuando la consciencia ciudadana se va al carajo. Mientras que pensemos que el Estado, la autoridad y la legitimidad se construyen en y desde sí para nosotros, vamos a tener poco.

Lo bueno será inevitablemente compartido y replicado. Pensemos desde cada uno de nosotros, la auténtica visión de una mejora en la vida más allá de la propia. No posterguemos la precariedad de nuestro sistema nacional de salud, demos impulso a los sueños de nuestros maestros y escolares. Confiemos y tengamos la seguridad en que el Estado debe ser fijo dador de servicios de óptima calidad. ¿Creen que si un Estado ve que puede aprender de sus ciudadanos, va a ignorar el proceso? Aprenderá. Son valientes los que asumen las musitaciones sociales con vocación de servicio para generar un crescendo ciudadano. Las responsabilidades son mutuas. Hay algo más allá del Estado: la autocrítica también es una solución. Apuesto por el matiz dinámico de transición ciudadana.

Nota: El crescendo es un término que se utiliza en notación musical para indicar que se debe aumentar gradualmente la intensidad del sonido.

 

NOTICIAS MAS LEIDAS