Punto de Encuentro

Racismo y educación

Siempre he pensado que un periodista está en la obligación de criticar lo malo, destacar lo bueno y, en ambas situaciones, propiciar un debate. La reforma educativa emprendida por este gobierno es muy positiva. Así como también los esfuerzos de las anteriores gestiones, desde el compromiso suscrito por las fuerzas políticas democráticas en el Acuerdo Nacional, de aumentar la inversión en el sector en base al PBI. Pero, señor ministro Jaime Saavedra, de nada sirve mejorar la infraestructura, ampliar la currícula, extender la jornada escolar u otorgar becas si estamos fallando en la educación de casa y en los primeros años de enseñanza. No estamos promoviendo valores y principios, tampoco estamos dándole la importancia al civismo.

Un futbolista panameño nos acaba de dar una lección, con un solo gesto, de lo que significa el respeto a los demás. Entre sollozos, Luis Tejada, ha demostrado que una queja válida y valiente puede generarnos indignación y al mismo tiempo invitarnos a la reflexión. Los insultos racistas y las onomatopeyas ocurrieron nuevamente en un estadio de Cusco, paradójicamente la ciudad más cosmopolita e internacional del Perú, donde se mezclan diversas razas y culturas. Del “deporte” no quiero referirme porque sus propios hinchas lo están matando con esa violencia física y verbal que va en aumento domingo a domingo. ¿Podemos vivir sin futbol? Claro que sí. Pero ya no podemos seguir conviviendo con esa discriminación que nunca fue soterrada, pero que ahora es pan de cada día y nos divide como país.

Hablar de inclusión social tampoco es suficiente si sólo buscamos acortar las brechas económicas mas no las sociales. Tal vez podemos comenzar nosotros mismos con el círculo de amigos. ¿Y si nos llamamos por nuestros nombres y nos olvidamos eso de “cholo”, “chino” o “negro”? Aunque de boca de un niño no se escuche de manera peyorativa ya estamos discriminando, calificando, como si fuera algo normal. Lamentablemente si nadie nos enseña o corrige esos prejuicios nos acompañarán a lo largo de nuestras vidas. Lo acabamos de ver hace poco en una estación de El Metropolitano. Una joven llamó serrano a un policía por cumplir con su trabajo.

El racismo, un delito que existe en el Código Penal pero que no se sanciona, es el agravante en esa reprochable actitud. La falta de respeto a la autoridad es el principal cargo que deberá afrontar la muchacha. Porque el caso no puede quedar impune, es hora de empezar a generar precedentes. ¿Y qué harás tú?

@nicolassalazarl  

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