Como sabemos la población joven, en edad de integrarse a la PEA de manera productiva, es lo que se conoce como el “bono demográfico”. No es común tenerlo entre los países, resultando estratégico y una ventaja competitiva afianzarlo y desarrollarlo con las oportunidades debidas.
Por desgracia, el panorama no es alentador, respecto a lo que se hace. Veamos algunos datos:
Al año 250 mil jóvenes (entre 18 y 29 años) están habilitados para entrar al mercado laboral (IPE). El 2016, la PEA (14-24 años), buscando trabajo fue de 14.1%. Resultando el desempleo juvenil más de cuatro veces mayor que el adulto (3.2%). INEI.
Enaho, por su lado, anota que casi nueve de cada diez trabajadores menores de 24 años tienen un empleo informal (69%), lo que los desestimula a seguir capacitándose, al no poder invertir en educación (OIT).
Todo lo anterior, conlleva a una baja productividad y desempleo en la juventud que tendrá serias proyecciones a largo plazo (BM).
Visto así el panorama, resulta ahora plausible y con características de verosimilitud, por lo necesario, la creación de un ente impulsador a nivel gobierno central, audaz y experto en aliñar todas las herramientas e instrumentos para no desperdiciar el “bono demográfico”. Por ejemplo, los “ninis”, que ni trabajan ni estudian, es un sinsentido y de la más lesa irresponsabilidad que atenta contra esta especie de valor, por desgracia finito.