A principios de los 80, mi bella abuela materna Teresa recibía y brindaba hospedaje-pensión a turistas generalmente europeos y norteamericanos en su casa en la Calera de Surquillo. Es así que era normal para mí cuando visitábamos a los abuelitos, estar desayunando entre “gringos y gringas” en la mesa familiar. En uno de esos desayunos un joven suizo-alemán se enamoró de una de mis guapas y jóvenes tías. Mi tía Enith no le correspondió. Ante esta situación el blondo europeo no tuvo mejor idea que regalarle religiosamente un chocolate suizo cada semana, me atrevería decir, de manera calculada, como la de un reloj suizo:
“Cholito ¿Qué hago? Este chico me está invitando a su país, todo pagado y realmente quisiera conocer Europa. Yo sé que él quiere algo más….. ¡¿Qué hago yo contándole esto a un chibolo?! ¿Quieres más chocolate suizo cholito? Toma, te invito, come, come.."
Me decía mi atractiva tía, pensativa y preocupada , mientras sacaba más chocolate suizo de ese celestial papel metálico en medio de ese olor que me hacía flotar.
El año 2000 fui becado a estudiar una maestría en Bélgica. Una de las primeras cosas que me impresionó fue ver que todos los supermercados belgas tenían de entre 3 a 5 filas muy anchas y largas solo de chocolates, en un 95% de fabricación belga. Con todas las formas y fondos imaginables y no imaginables. Todos tenían una etiqueta oficial mostrando claramente el nivel de cacao del producto. Y el sabor del producto simplemente celestial. Desde hace años Suiza y Bélgica son “´propietarios” de la marca del chocolate en el mundo, tanto así que ya el chocolate tiene boca y vida propia, puede hablar por si solo, de amor , de vida y de la variedad de los sentimientos humanos, incluyendo el sexo por supuesto.
El año 2007 fui de visita a Lima, desde Madrid, para que mi familia conozca a mi novia española Noelia. Mi hermana menor me brindo un fuerte abrazo de bienvenida y me dijo:
“Miguel Ángel la belga que te rompió el corazón cuando estuviste por allá, sabía que venias a Lima y ha enviado chocolates belgas aquí a la casa. Eran para ti. ¡Qué descaro! .Hermanito, te hice un favor, ya desaparecieron, ya me los comí todos. Después de lo que te hizo esa innombrable. ¡¿Qué cara de querer reconquistarte no ?!!!”. Me decía mi despechada y bella hermana menor.
Aunque no lo crean todo eso y más produce el chocolate en los seres humanos. Y si hurgamos en el alma y en la esencia del chocolate. ¿De dónde viene el chocolate? ¿De dónde viene el Cacao?....
Arquitecto Ecológico: Miguel Ángel Romero Maldonado