Resultan risibles los trabalenguas y justificaciones de lo injustificable, elucubrados por la Presidenta del Consejo de Ministros para tratar de encontrarle el carácter “democrático” y legítimo a los insultos y agravios del Presidente hacia la oposición y también hacia organismos constitucionales autónomos de hace unos días.
Es patético pretender decir que el Presidente no interfiere en las investigaciones cuando se refiere a las mismas como “una falta de respeto a su esposa”, “un mamarracho”, “una salvajada” y calificando al fiscal del caso de “bruto” públicamente ante el país, atacando de manera soez a un poder del Estado. Es imposible negar dicha interferencia cuando el Presidente implícitamente acusa al Ministerio Público de tener una intencionalidad política en contra de Daniel Urresti por el pedido de 25 años de prisión para el “Capitán Arturo”.
Es cierto, quizás desde que el primo de Nadine Heredia dejó de ser Fiscal de la Nación, que desapareció el poder de los Humala dentro del Ministerio Público, en todo caso, el Presidente ya no puede interferir pero si insultar y eso es precisamente lo que la Presidenta del Consejo de Ministros pretende avalar a costa del deterioro de su propia imagen al verse arrastrada en los despropósitos del Presidente de manera reiterada.